María Jose Vázquez, El camino de la esperanza

00101LIBMUHubo un tiempo —del que no se acuerda nadie o no interesa que se recuerde— en donde se daban a conocer en ediciones económicas, sencillas y hasta humildes una cuarenta de nombres que aguardaban como agua de mayo significarse en el campo de las letras regionales, gentes de todos los estratos sociales, muy distintos entre sí porque, entre otras cosas, la naturaleza humana nos ha hecho de muy diversa manera; hombres y mujeres que hacia el final del siglo pasado y principio del presente se dieron a conocer, empezaron su andadura, y si algunos de ellos, los menos, han abandonado el discurso literario, los más han insistido, han ascendido en la escala literaria, han entrado incluso en editoriales comerciales y hoy por hoy son la esperanza de una literatura regional, justo es decirlo, que siempre se desenvuelve de forma marginal, olvidada de lo que se considera política cultural, sin lectores y casi sin seguidores porque, hay que mencionarlo asimismo, el pueblo murciano no reúne la identidad que existe en otras partes de la nación y se desvincula de sus creadores.

La moratallera María José Vázquez se dio a conocer por aquellas calendas con una obra narrativa denominada El sembrador de sueños, una recopilación de historias de rica imaginación. Y, aunque la seguí en el trote corte de las revistas o de los blogs, no la había encontrado hasta ahora, que reaparece en un género distinto, como es la poesía. Lo que nos muestra una acentuada polivalencia literaria y un deseo de pasar por todos los terrenos en donde ha procurado, dada su sencillez, seguir aprendiendo para ofrecer frutos cuajados, más impregnados de esencia literaria. Un aprendizaje noble que viene ejercitando desde hace tiempo y que ejecuta con destreza.

De María José Vázquez destacaría sobre todo que se trata de una fina sensibilidad mucho más que una inteligencia especulativa. Su poesía, de extrema nitidez y libre andadura, se baña en las aguas turbias del romanticismo amoroso y se hunde en las esencias líricas de la experiencia personal, dejando abierta la brecha por la que mana el dolor. Pero María José Vázquez, luchadora y tenaz, es sobre todo la voz de la esperanza, aquella que nos enseña sus heridas y las señas del dolor, pero siempre confía en salvar el obstáculo que la vida o el amor le han puesto en el camino. Un camino animoso que la conduce a obviar a veces la realidad para escudarse en la escalera de la armonía, de la paz o de la felicidad personal. Estamos ante una voz sincera que ha sufrido pero que se ha repuesto viyalmente, alguien que limpia las manchas para procurar restablecer el circuito roto.

Una poeta que canta al amor pasado y que lo compara con los momentos actuales, una voz que aspira a la plenitud pese a las tormentas y amenazas, miedos y turbulencias de un espíritu inquieto . Pero no se olvida de otros factores que la aproximan a lo primario, también a lo más íntimo que hay en nosotros. Los versos a sus padres o a su hija son una razón de ser que nos habla de la bondad natural de una artista que se crece en los tintes becquerianos, de una voz femenina que no renuncia a salir de la oscuridad silenciosa para alcanzar esa luz que presiente.

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