Idoia Arbillaga, un idioma propio

Idoia Arbillaga

Idoia Arbillaga

Idoia Arbillaga (Cartagena, 1974) acaba de publicar en Madrid  (Tigres de Papel) Los márgenes del agua, un libro de poemas que sorprende por su originalidad y por su apasionada construcción imaginaria, en la que el agua y el mar adquieren una potencia especial, porque no son sino una pura metáfora de la vida que es quien en estos poemas se despliega y domina por encima de los desvaríos momentáneos, para lograr gozos que son permanencia. El amor, el deseo, el triunfo de la sensualidad más carnal, no exenta de declarado erotismo, definen conjuntamente la fuerza de una poesía lograda con especial intensidad lingüística e imaginaria. Porque Idoia Arbillaga se sirve de la palabra para transmitir la pasión de lo eterno, el triunfo de la sensualidad y de la sensibilidad.

En tres partes ha dividido el libro, cada una con su propia personalidad aunque las tres cohesionadas en una misma imagen vitalista de la existencia. En la primera, titulada Ausencias, se enciende la memoria frente al mar y se recuperan espacios y tiempos que tuvieron su propia vida, recuerdos que ahora están empapados de ausencia. En la segunda, denominada Presencias, comparece la recreación del amor carnal y trágico, próximo a la duda, a la incertidumbre, a la muerte… Y será la parte final, Redenciones, la que evoque el desenlace de la historia, del amor y de la despedida, redimidas las horas por el recuerdo. Las tres secciones, sin embargo, forman parte consustancial de la historia central de este libro que, como se ha señalado, manifiesta y evoca vida y presencia. Pasado y presente, memoria y vida, recuerdos y existencia conforman un conjunto de evocaciones que construyen un espacio poético de gran fuerza expresiva.

Hay que valorar en este libro poético su original representación del amor, de la sensualidad, de la posesión, del deseo y de la memoria del gozo concebido intensamente, mientras los espacios del amor se suceden en apasionadas evocaciones ricas en sensualidad. Las imágenes del mar y del agua se convierten en cobertura de una intensidad erótica muy potente y encendida hasta la paradoja, porque ni la frialdad del agua ni  la sal helada mitigan en absoluto el calor y la ardiente pasión de unos sentimientos expresados a flor de piel. La naturaleza circundante ofrece a la autora multitud de sugerencias que le permiten evocar pasiones y vida y son los elementos de esa naturaleza encendida los que consagran la intensidad de unos momentos que han merecido ser eternizados en el poema. De manera que la poesía consigue hacer perennes unos presentes que caminan hacia el pasado sin cesar.  La senda imposible, la sombría poza, la madrugada insegura, el encuentro y la sorpresa aguardan y fomentan cada uno de los instantes de esa pasión encendida incluso en el aula de un centro docente indecente. Erotismo y pasión, sorpresa y gozo, subliman un espacio y una escena marginales y prohibidas…

Los lugares creados en cada uno de los poemas reflejan bien el himno unitario a la vida que domina todo el libro, porque sólo la intensidad de la pasión por vivir y gozar conforman, entre imágenes marinas y sugerencias acuáticas, algo que es definitivo en el libro, y es que la vida se vive y se crece en el gozo de la pasión. Cada poema contiene así un episodio, una escena, un encuentro de una historia total que construye el volumen completo, definido justamente, como se ha señalado, por su cohesión, por su continuidad para hacer vivir, ante el lector, el devenir de una pasión vital inextinguible.
Naturalmente nada de esto se puede conseguir sin un idioma propio, sin un estilo forjado en la originalidad de un lenguaje enriquecido, tal como destaca Manuel Rico en el prólogo del poemario: «Un lenguaje sugerente, cargado de certeras metáforas y con una controlada carga surrealista, al que no le falta la envoltura clásica del soneto en algunas zonas, refuerza la entidad de un libro sólido, sorprendente, innovador».

Y es que es muy cierto que la capacidad imaginativa de Idioa dota al libro de una salud verbal incuestionable, ya que las sugerencias imaginarias, las metáforas atrevidas, que rozan casi la irracionalidad, aparente sin embargo, son las que marcan la solidez y la originalidad de un estilo y de un lenguaje tan nuevo y tan vital que merece ser valorado como algo insólito y sorprendente. Los riesgos eran muchos, pero los aciertos han confirmado que Idoia Arbillaga posee un estilo propio, porque propias son las sensaciones, las imágenes y las escenas recreadas en su poemario.

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