Una vida de Pierre Menard

La intextetualidad es una de las marcas de la literatura contemporánea. Borges, uno de los padres del posmodernismo, consiguió recoger toda una tradición y crear su propio canon a través de referencias y lecturas muy personales. Las lecturas y filias de Borges han transcendido como un corpus equiparable a una biblioteca total. Y además supo enriquecerlo con otro mundo libresco imaginario  y desprovisto de realidad. Libros y autores apócrifos que se solapan con los auténticos. Nadie puede evitar pensar a estas alturas en su célebre cuento Pierre Menard, autor del Quijote, incluido en su libro Ficciones. Desde ese momento, Menard es un autor a tener en cuenta.

En esta sugerente y extraña novela, Michel Lafon se dedicó a dar vida a Pierre Menard, este autor francés que posiblemente no existió hasta que Borges le diera forma en el relato arriba mencionado.
Pero no es esta una novela biográfica al uso. Un personaje como Menard se merecía otra cosa, una indagación menos histórica que onírica, menos fidedigna que subjetiva. Se podría decir que esta biografía consiste en una sucesión de textos escritor por y sobre Menard, en los que se incluye el relato original de Borges. El encargado de hacernos llegar este fragmento de existencia es su biógrafo, Maurice Legrand.

En Una vida de Pierre Menard se acumulan los testimonios de un modo aparentemente aleatorio, como si su biógrafo, Maurice Legrand hubiese recogido una serie de documentos dispersos y los hubiese ordenado en un intento de dar legibilidad a una vida literaria poco común, casi anodina. Cartas cruzadas entre Legrand, Valéry, Menard y el propio Borges… textos de toda índole, memorias, conferencias. Cualquier género es aquí tomado en consideración para conformar esa reseña de Pierre Menard que los amantes de la ficción siempre hemos soñado con leer. Y resulta que tras la lectura de esta exquisita semblanza parece que conocemos un poco mejor a Menard, un escritor frustrado, sin obra visible pero con alma (Menard tiene varios libros en marcha con la cuasi certeza de que no los publicará nunca), amante de los paseos por el Jardin des Plantes de Montpellier, traductor, amigo de sus amigos, coleccionista de monedas y de recuerdos melancólicos.

Entre los episodios biográficos de Pierre Menard se conocerá su relativa amistad —sobre todo epistolar— con Gide, con Valéry, con Borges. Legrand llega a preguntarse respecto a los escritos del autor argentino: «¿Confesaré que hasta me ocurre leer esta obra  como si hubiera sido enteramente escrita por Menard?».  Y el lector llega a sospechar si acaso no fue Menard quien en realidad inventó a un quimérico Borges.

Con este curioso libro parece culminar una red de textos apócrifos que comenzó con El Quijote, de un tal Cide Hamete Benengeli, atravesó a Borges en su célebre necrológica-relato sobre Menard, y llega aquí para cerrar el círculo de ficciones, en esta biografía del último autor del Quijote, el inventor de Borges, Pierre Menard.

Solo añadir que la traducción es exquisita, de un tal César Aira, uno de esos hijos apócrifos de Borges que todavía perviven en nuestras letras.

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