“En una sesión de ‘quimio’ hay poesía; no hay que ir a un prado para inspirarse”

José Daniel Espejo. Foto: Juan Caballero

José Daniel Espejo. Foto: Juan Caballero

­­­José Daniel Espejo (Orihuela, 1975) escribió los poemas de su quinto libro, Mal, como si tomara fotografías durante un duro periodo de su vida. Por ello decidió no tocar apenas lo escrito y publicarlo como surgió. La obra está «dirigida a todo el mundo que tiene una pérdida en el centro del eje de su vida», en definitiva, a muchos lectores que también encontrarán  versos sobre la lucha social y las grandes preguntas del ser humano en este pequeño poemario de un escritor que semanalmente analiza la actualidad política en Amor a presión, una columna de LA OPINIÓN.

Dice que Mal es un libro difícil de leer, y entiendo que también difícil de escribir…
Sí, porque es el resultado de una experiencia difícil, como fue la enfermedad y muerte de mi mujer. Al  decir que es difícil de leer, me refiero a que está prácticamente sin editar, sin construir un relato, ya que he recogido lo que escribí en aquella época, como si fueran una serie de fotos hechas con Polaroid.

¿Escribir sirve para combatir la tristeza, para fortalecerse?
Es un tópico de los terapeutas sugerir escribir cuando estás pasando una mala experiencia para conseguir colocarte ‘por encima de eso’, pero si se consiguiera, el libro se titularía ‘bien’ y se titula Mal, porque no ‘está por encima’, está exactamente dentro de lo que pasó. El título ponía la etiqueta a todo lo que sucedió.

El poemario está lleno de escenas cotidianas, duras, pero escenas del día a día, ¿todo es poesía?
Todo, está en todas partes, hasta en un hospital de día durante una sesión de quimioterapia… no hace falta estar en un prado verde para inspirarse.

¿Y la muerte también es poesía?
Es que no hay una distancia tan grande entre lo cotidiano y la muerte.

Pero muchos no lo querrán ver así…
Porque es más fácil ponerse una pantalla, pero, antes o después, esta pantalla se rompe y te enfrentas a la realidad.

Ha publicado Mal con Balduque, una nueva editorial, ¿el sector cultural murciano vive un buen momento?
Iniciativas como Balduque, La Fea Burguesía o Ad Minimum, o revistas como La Galla Ciencia demuestran que está surgiendo una cultura de base sin ningún apoyo institucional. Cuando cambiemos de ciclo habrá que reconstruir muchas cosas, pero está claro que el material y el talento están ahí, que el pensamiento y el arte conectan con la sociedad murciana.

Usted escribe una breve columna semanal sobre actualidad en LA OPINIÓN, ¿necesitamos pararnos y reflexionar?
Si algo bueno ha  traído la crisis, es que empezamos a cuestionarnos las cosas. Esa pantalla de la que hablaba antes estaba también a la hora de pensar en política y en economía y la crisis ha conseguido que se resquebraje y que nos podamos plantear nuevos modelos.

Decía en una de ellas que se puede escribir para ser ingenioso o desde la derrota, ¿en qué momento se encuentra usted?
No tengo nada con el hecho de ser gracioso, pero uno no se puede quedar en la superficialidad como un fin. En cada palabra tiene que haber una intención.

Estos días los diarios están llenos de viñetas con dibujos de lápices como armas, ¿cree de  verdad que la pluma es un arma?
Es toda una máquina para matar fascistas. El lápiz, la pluma y la guitarra.

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