“La fantasía es muy necesaria dentro del torbellino de realismo en el que vivimos”

El escritor Heinz Delam.

El escritor Heinz Delam.

­Nació en Burdeos (Francia), a los seis meses su familia se trasladó a Berlín. Después, le tocó conocer «los bosques encantados» de la Bretaña francesa. Pero su mayor descubrimiento fue cuando vivió en el Congo, a partir de los catorce años, donde vivió las experiencias que después, ya en España, volcaría en sus numerosos libros. Uno de ellos, El santuario del pájaro elefante (Edelvives), es finalista del Premio Hache de Cartagena. Hoy y mañana hablará de él, pero, sobre todo, de la necesidad que tenemos toda la sociedad de abrir un libro y empezar a imaginar.

¿Qué es usted, escritor, viajero, aventurero…?
Pues de todo un poco, aunque la mayor aventura de mi vida siempre ha sido la lectura y, a través de ella, la imaginación. Me tocó viajar desde muy pequeño por obligaciones de mi familia, pero para mí los viajes y las aventuras comenzaron cuando abrí el primer libro.

¿Y, cuando dejó de viajar y se instaló en España, comenzó a vivir esas aventuras a través de sus libros, escribiendo?
Me gusta pensar que también escribiría aunque nunca hubiera viajado, aunque hablaría de otros temas. Pero desde pequeño me fascinaba imaginar historias y vivir aventuras fabricadas con la imaginación.

Es finalista del Premio Hache con El santuario del pájaro elefante. Háblenos de esta obra.
En ella recuerdo aventuras parciales y anécdotas de numerosos hechos que viví en el Congo, pero sobre todo, lo que vive un extranjero que se enfrenta de golpe a un mundo completamente desconocido. Eso fue lo que me pasó a mí, que creía estar en otro planeta por las costumbres, los animales, el clima… todo era diferente. Es un choque que, aunque no es desagradable, te enseña un mundo nuevo nuevo. Lo importante es que no sólo vives cosas a nivel exterior, también se produce un cambio en tu interior.

Dice que en África descubrió la grandeza de nuestro planeta. ¿Qué nos estamos perdiendo?
En mi opinión, mucho. Estamos inmersos en un mundo audiovisual que en cierta manera nos dirige y nos priva de muchas cosas que son interesantes. El mensaje es muy selectivo, por ejemplo, al hablar de África, desde donde nos llegan noticias de desastres, masacres y guerras, pero nunca de cómo vive la gente, de las historias que se cuentan alrededor de una hoguera, de lo que se siente ante una gran tormenta en medio de la selva.

Y usted conoció ese mundo sin televisión ni teléfono, pero en nuestra sociedad eso sería impensable.
Claro, hasta yo mismo me he acostumbrado al teléfono móvil y nos acabamos haciendo dependientes, pero le aseguro que uno se acostumbraría otra vez y pronto a prescindir de todo ello.

Hablaba de historias alrededor de una hoguera. ¿La literatura oral se está perdiendo?
Quizá en su sentido tradicional, como cuando se contaban historias en el pueblo o, en las familias, los mayores contaban relatos y experiencias. Ahora las historias nos las cuentan otros, el medio ha cambiado y los tiempos son los que son, cuando se leen más mensajes de WhatsApp que libros. Creo que se puede tener todo; siempre habría que tener un pequeño hueco para la aventura interna de recrear con la imaginación lo que nos cuenta un autor en sus libros.

¿Eso es lo que le pide usted a sus lectores?
Bueno, yo les recomendaría que no se agobien cuando empiecen un libro y no les guste, porque eso no significa que otro libro no les vaya a entusiasmar. Pasa como en el cine o como con la comida… hay que tener paciencia, valentía y tenacidad, porque al principio hay que esforzarse para conectar con el argumento o los personajes. La imaginación es como un músculo que crece con el ejercicio.

¿Impone saber que el jurado del Premio Hache son sus jóvenes lectores?
Claro que impone, pero me encanta. Recibí la noticia con mucho entusiasmo, porque creo que no hay un premio igual en España. Setrata de un jurado que lee sin cortapisas, sin ser profesional, y eso me parece fantástico.

Acaba de publicar El abismo del diablo, ¿es la segunda parte de La sima del diablo?
Es una segunda parte, pero se pueden leer de forma independiente. En esta ocasión, no está ambientado en la selva africana y es una novela de misterio.

Una de las cosas que le fascinó de África fue «la magia, fantasía y sencillez» de su gente. ¿Nos hacen falta personas así?
Mucho. Vivimos demasiado pendientes del mundo real y habría que dar más valor a la imaginación, ir más allá del telediario y mirar con los ojos de la mente, que nos pueden llevar muy lejos. Hay un bombardeo mediático que es necesario, pero excesivo, y la gente busca un protagonismo innecesario que crea un círculo vicioso, un torbellino de realismo que le resta importancia a  la magia y la evasión.

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