Gabriela Wiener, el significado de la vida

00506LIBMUUna de las cuestiones recurrentes a las que se debe enfrentar el escritor es responder a la siempre incómoda pregunta sobre cuánto hay de sí mismo en sus obras. Muchos escurren el bulto protegiendo su ingenio de esas inferencias con cierta displicencia, mientras que otros más consecuentes reconocen que toda novela nace de la experiencia propia, que se funde en el magma de la ficción deliberada con desigual éxito. Pero hay algunos que no esconden sus intenciones y, de forma más o menos explícita, se convierten en personajes de sí mismos, revelando sus más íntimas impresiones sobre su propia aventura de vivir. De esa expedición a lo profundo del alma no siempre se obtiene el fruto deseado, pues la tentación de narrar la experiencia personal suele conducir al territorio resbaladizo del solipsismo. Y para evitar la caída sobre el fango de lo irrelevante es necesario que, primero, el escritor tenga algo qué contar y, segundo, que su historia esté bien contada.
Gabriela Wiener se ha adiestrado en la luminosa escuela del periodismo narrativo latinoamericano. Ese que sabe extraer toda la enjundia de lo que se presencia, y lo narra con las palabras precisas colocadas en una partitura armónica con la que logra comunicar y, a la vez, procurar que se sienta lo que se comunica. Y fruto de su experiencia es un buen número de artículos publicados en prestigiosas revistas hispanoamericanas, y dos libros en los que ella se convierte en el objeto observado: Sexografias (2008) y Nueve Lunas (2010).
Bastante de esas dos obras hay en este nuevo libro que ahora publica en España la editorial Malpaso. Llamada perdida es Wiener compendiada: todo su universo descrito en un puñado de páginas en las que se dan cita el sexo, el matrimonio, la maternidad, la distancia y el tiempo, las filias literarias y las fobias emocionales, la muerte… Una sucesión de situaciones envueltas en reflexiones lúcidas y rotundas que descubren a una personalidad inabarcable, envuelta en un armazón mortal que sufre los envites de los conflictos cotidianos.
En este punto cabría preguntarse qué interés tiene conocer todo lo que ofrece Wiener en su libro y, por lo tanto, dedicar tiempo a su lectura. La respuesta es doble: en primer lugar porque la escritora peruana nos cuenta su vida, es cierto, pero a través de ello nos está contando la nuestra. No es difícil sentirse indentificado con las emociones y sentimientos de la autora ante experiencias que suelen deambular furtivas por nuestra rutina, quizás por la pereza que aviva la falta de respuestas, pero que en sus manos adquieren una trascendencia extraordinaria pues remueve su sentido más primordial. Wiener aniquila con sus palabras los tabúes y los miedos que trivializan aquello que sostiene la convivencia. Así, el sexo o la muerte, por poner un par de ejemplos, aparecen desprovistos de ese velo de cautela que los difumina, mostrándose en toda su plenitud. En tal medida que así expuestos resultan tan desasosegantes como balsámicos.
La otra razón la proporciona el modo en que Wiener emplea las palabras para crear un relato brillante, construido con una destreza extraordinaria y dotado de un ritmo ágil que convierte la lectura de sus pequeños ensayos de vida en un auténtico goce.
Estructurada en cuatro partes más un epílogo en forma de historieta, Llamada perdida contiene diecisiete episodios de la vida de Wiener, en los que se muestra en toda su plenitud como persona y escritora, demostrando que es cierto que todo el mundo posee una novela escondida en su rutina. Sólo es preciso encontrar las palabras adecuadas y saber engarzarlas con precisión para que el relato adquiera esa dimensión literaria, que logre extraer la sustancia de la mera exposición de experiencias.
Gabriela Wiener lo consigue con creces obteniendo un trabajo apasionante, revelador y sobre todo muy instructivo, pues de su exploración particular consigue mostrar el significado más trascendental de nuestros sentimientos y miedos más íntimos.

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