Superhéroes en un infierno de hielo

00404LIBMUEl 3 de agosto de 1914, pocos días después de que los soberanos de Europa decidieran enviar a sus súbditos a que se despedazaran en el campo de batalla, un grupo de hombres empezó a construir un sueño. Ese día, Wiston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, envió un telegrama con una única palabra: «¡Adelante!». El destinatario era Ernest Shackleton, uno de esos locos sublimes para quienes la vida era una aventura. Cinco días después, el Endurance, un bergantín de tres palos construido en un astillero noruego, zarpaba del puerto de Plymouth con rumbo a Buenos Aires. Comenzaba así la Expedición Imperial Transantártica.
En plena era dorada de la exploración antártica, Shackleton se propuso atravesar el continente helado de Oeste e Este, cubriendo una distancia de 2.900 kilómetros. El explorador inglés era un hombre experimentado en estas lides para quien la Antártida se había convertido en una obsesión. Había formado parte de la primera expedición dirigida por Scott en 1901, cuyo objetivo era alcanzar el Polo Sur. El fracaso de aquel intento le impulsó a emprender una nueva aventura en 1907 que también terminó en fracaso, aunque le llevó a sólo 180 kilómetros de su objetivo y le convirtió en un héroe en el Reino Unido. Tras el logro del noruego Amundsen, quien alcanzó el objetivo soñado en 1911, y la muerte de Scott en ese mismo intento, a Shackleton ya sólo le quedaba por intentar el reto más difícil: atravesar la Antártida.
El viaje propiamente dicho se inició el 5 de diciembre de 1914 desde la remota isla de Georgia del Sur. El Endurance, con una tripulación de 27 hombres enfiló hacia la bahía de Vahsel a través del Mar de Weddell, donde le esperaba un nuevo fracaso.
El barco, reforzado con las maderas más resistentes que se conocían en la época, y pertrechado con todo lo necesario para una expedición polar de semejante envergadura, no pudo vencer sin embargo el inmenso poder del hielo. Algo más de un mes después de su partida, el 19 de enero, el Endurance quedaba atrapado en una banquisa que le impidió avanzar más y terminó destrozándolo.
En ese momento comenzó uno de los episodios más dramáticos y legendarios de la historia de las exploraciones polares. Tras abandonar el barco, Shackleton y sus hombres permanecieron acampados en un témpano de hielo a la deriva durante casi un año, soportando las inclemencias de una de las regiones más inhóspitas del planeta.
Pero esa no fue la peor de las experiencias que tuvo que sufrir ese grupo de aguerridos hombres. La llegada del verano austral permitió a los expedicionarios albergar la esperanza de alcanzar tierra, toda vez que la banquisa empezó a romperse. Y así, aprovechando tres de los botes salvavidas rescatados del Endurance, emprendieron un nuevo periplo por mar tan incierto como peligroso. Tras no pocas penalidades, llegaron a la isla Elefante, en el archipiélago de las Shetland del Sur, desde la que Shackleton y tres de sus hombres partieron en uno de los botes hacia Georgia del Sur en busca de ayuda, enfrentándose a las terribles condiciones marítimas y meteorológicas que caracterizan una de las rutas más terroríficas de la Tierra: el estrecho de Drake.
Fueron casi dos años de lucha por la supervivencia en condiciones extremas que Alfred Lansing relata con todo lujo de detalles en este magnífico libro: Endurance. La prisión blanca. A partir de los testimonios reseñados por los miembros de la expedición en sus respectivos diarios, el escritor norteamericano, construye un relato apasionante que absorbe la atención del lector sin dejarle un minuto de respiro.
Lansing profundiza hasta el más mínimo detalle para transmitir toda la intensidad de una auténtica prueba de vida. Construida como una novela de aventuras, la narración proporciona una imagen extraordinariamente vívida de las experiencias de los miembros de la expedición, consiguiendo que el lector pueda llegar a sentir las innumerables penalidades sufridas por ellos, gracias a una escrupulosa descripción de sus rutinas, sentimientos e inquietudes, alcanzando una dimensión épica que logra estremecer por su dureza.
Además constituye un valioso documento sobre los métodos de supervivencia en situaciones extremas, demostrando la enorme capacidad del ser humano para sobrevivir en tales circunstancias.
Este es uno de esos relatos clásicos de la literatura de aventuras, imprescindible para conocer la enorme pasión que mueve a esos exploradores que se atrevieron a desafiar a los elementos en pos de una recompensa no siempre correspondida.
La expedición de Shackleton fracasó, pero su viaje se convirtió en una de las aventuras más duras y fascinantes que un hombre haya podido vivir. Su gran logro fue conseguir que todos sus compañeros resultaran sanos y salvos, y además legar una epopeya a la que Alfred Lansing  rinde honor con esta magnífica obra.

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *