El nacimiento de un nuevo héroe

Muy diestro, y no poco audaz, ha de ser el escritor que desea ingresar a su personaje en el Olimpo de los héroes de la novela negra. Pues habiendo como hay tantísimos aspirantes, emprender una serie de novelas protagonizadas por uno nuevo no deja de ser una misión arriesgada, pues no garantiza ni la atención del lector que se enfrenta a tan numerosa y variada oferta ni, por lo tanto, el ansiado éxito de ventas que justifique el esfuerzo.

Pista Negra_135X220El italiano Antonio Manzini es uno de los últimos en llegar al género negro. Y viene acompañado del policía Rocco Schiavone, un personaje enérgico y contradictorio, con quien aspira a iniciar un recorrido literario del que Pista negra es su primera etapa. No obstante, parece que la aventura arranca con buenas expectativas, pues su llegada a las librerías españolas viene precedida por el respaldo entusiasta del público italiano, hasta el extremo de que la novela será traducida a siete idiomas, lo cual proporciona a la obra una credencial estimable que su lectura confirma con creces.

Manzini lo logra con un relato sorprendente, bien trabado y de ritmo vigoroso, en el que los paramentos habituales del género quedan sometidos por la tempestuosa presencia del protagonista: uno de esos antihéroes que transitan por las froteras de la ética, con una pesada carga de secretos sobre su contradictoria personalidad, y que pueblan el imaginario de maestros del género como Ellroy, Vargas o Markaris, por citar sólo a algunos de los que desentrañan la naturaleza doliente del ser humano a través de personajes rotundos con un carácter que los aleja de lo convencional.

Rocco Schiavone es la perfecta antítesis del pulcro y entrañable Salvo Montalbano, el protagonista de las novelas de Andrea Camilleri, quien no ha ahorrado elogios hacia la obra de su compatriota, aunque comparte con él ese desparpajo casi idiosincrático de los italianos que tan bien han explotado literatos, cineastas y dramaturgos de ese país.

Hosco, brutal, mordaz, vulgar y, por supuesto, perspicaz, el protagonista de Manzini demuestra una personalidad hiperbólica, arrebatadora y compleja. Un mezcla a la italiana entre Harry Callahan y el teniente corrupto de Abel Ferrara, cuya nula empatía se va redimiendo conforme el lector conoce su auténtica realidad interior, aunque sin lograr del todo la necesaria indulgencia para despertar simpatías. Pero es en esa distancia emocional donde precisamnte radica su virtud como personaje y, por extensión, la calidad de esta novela.

Como todo primer episodio, el autor se limita a presentar a su personaje sin desvelar toda la extensión de su realidad existencial. Es preciso guardar material para sucesivas entregas, sobre todo teniendo en cuanta que se trata de un personaje complejo. Manzini lo plantea mediante tres relatos: uno, el principal, se sustenta en una trama detectivesca que tiene como objetivo descubrir a los autores de la muerte de un hombre en una estación de esquí cercana a Aosta, y en el esboza el perfil del personaje en su dimensión más realista; sobre este relato yuxtapone otros dos que rellenan de claroscuros ese esbozo, y ofrecen una idea más clara del magma que bulle en el interior del protagonista: la irregular incautación de un alijo de droga muestra su lado transgresor y siniestro; las veladas con sus íntimos fantasmas, su fondo sentimental y atormentado.

Todo ello arroja un saldo prometedor, ya que el escritor italiano consigue implicar al lector en el desarrollo de la trama detectivesca, cuya convencionalidad se compensa con una insólita puesta en escena, y despertar su interés por su personaje, tanto por las sensaciones que transmite como por el enigma que representa, todo lo cual justifica las próximas entregas de la serie.

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