Píldoras críticas para la reflexión

Me topé con Enzensberger —literariamente hablando— cuando cayó en mis manos un ejemplar de Hammerstein o el tesón (Anagrama). Eso me permitió acercarme a un autor que deslumbra por su capacidad productiva y por un estilo peculiar a la hora de enfocar los temas. Este ensayista y poeta alemán es quizá una de las mentes más sugerentes de la actualidad. Mueve los hilos argumentarios con brillantez y, frecuentemente, rompiendo ideas preconcebidas y prejuicios. Reflexiones del señor Z. es toda una buena muestra de esa capacidad crítica y reflexiva de Enzensberger.

Maquetación 1El libro tiene un formato sencillo de leer, con un hilo conductor que es el señor Z., creando una ficción que sirve de excusa para lanzar pequeñas perlas de pensamiento. Enzensberger nos propone un juego que es seguir los retazos de conversación recogidos de los encuentros de un grupo de personas con este misterioso señor en un parque. Esas conversaciones abordan multitud de temas, en las que Enzensberger utiliza la voz de Z. para transmitir sus visión crítica y sarcástica sobre la realidad.

La religión, la política, la literatura o las convenciones sociales se ponen bajo la mirada crítica de Z., que no se deja lleva por una tendencia, sino que propone una visión crítica a las ideas que damos por ciertas.

El gran acierto de Enzensberger en este libro es el tono, ya que nunca abandona cierto acento humorístico, incluso autoparódico. No son pocas las ocasiones en las que el propio señor Z., alter ego del propio autor, queda en ridículo al quedar al descubierto sus propias contradicciones. Los niños o jóvenes son protagonistas de estos divertidos momentos, con un descaro que desarma la ampulosidad de determinados discursos y que Enzensberger utiliza para reírse de la intelectualidad.

Es un libro para leer y mascar con tranquilidad. Invita a pensar y no impone una idea, lo que se agradece en tanto que trata al lector como persona inteligente y no como un mero receptor de ideas.

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