Exaltación de la belleza

Por qué un lugar es sagrado?/ ¿Por qué cuando tomas en tu mano un puñado/ de la blanca arena de Iona/ sientes que estás tocando algo/ inviolable, como si sólo su roce te invistiese/ misteriosamente con la sombra de su grandeza?». Repito estos versos tras volver a encontrarlos en un libro antológico de la poesía de José María Álvarez, fascinante poeta de nuestra lengua contemporánea. Con tales versos se inicia Arenas de Iona,uno de los más bellos poemas de Álvarez, a mi entender (y es difícil elegir entre tantos otros igualmente hermosos), y que cuando lo leí por vez primera me instó a embarcarme, por un mar sereno ese día, hasta el lugar mencionado, una pequeña isla de las Hébridas, en la costa escocesa, de la cual yo sólo sabía, viviendo en ese tiempo en Inglaterra, que en ella fundó un monasterio, hace más de doce siglos, San Columbano, pionero del cristianismo y la literatura céltica.
Acerca de Arenas de Iona, con anterioridad ya me inspiré para un ensayo en el que hice desfilar a los aproximadamente sesenta «viejos Reyes que salieron de la niebla», escoceses en su mayoría, pero también algunos irlandeses y daneses. No sé si Borges llegaría a conocer este poema de Álvarez (habré de preguntárselo); con el reciente fallecimiento de Tassos Denigris, el traductor al griego del gran argentino, recordé que comenté en su día la excelencia del poema. También el recuerdo que conservo de aquella isla misteriosa y estéril, visitada en la grata compañía de un pescador culto, Dominic O’Rorke, Jr., algunos libros y la cornamusa de mi amigo, experto en arrancarle los más armoniosos sonidos legendarios al instrumento, jamás se me borró de la memoria…
El oro de los tigres (Balduque. Cartagena, 2015, recientemente creada editora, a la que deseamos una próspera y larga trayectoria), nos regala una selección de los poemas de José María Álvarez, en impecable resultado por la labor de la joven helenista, latinista y poeta Noelia Illán Conesa; antología que se hacía necesaria. Con una bella y elegante portada de Ángel Mateo Charris, recreación pictórica del retrato del poeta en Estambul, ciudad amada entre tantas, el libro no podría pasar desapercibido ya desde la objetividad estética. El contenido, con atinado acierto —ya lo hemos indicado—, nos pone en inmediata comunión con la belleza en grado sumo, en el que el arte, la evocación voluptuosa, la literatura y el placentero presente se alían con poderosa intensidad. José María es un poeta para la nueva generación, y las inmediatamente próximas.
La presentación de El oro de los tigres —título evidentemente borgiano, previamente explicado por su autor— se hizo en Cartagena, y seguidamente en el Aula de Poesía de la Universidad de Murcia, en unos días atrás, y resultó una delicia escuchar a Álvarez leer algunos de sus ya míticos poemas, como el titulado Gato romano o el impresionante Delfos, éste solicitado previamente por la latinista y poeta recientemente estrenada Charo Guarino. Al retirarse, tras la presentación y lectura, inolvidables, quien estas líneas escribe abrió en su soledad un libro amado desde los lejanos tiempos de su iniciación literaria: Dieu est né en exil (Dios ha nacido en el exilio), antiguo Premio Goncourt, del estimable y muy olvidado novelista y ensayista rumano, exiliado y políglota, Vintilia Horia, que creó su obra indistintamente en su idioma original, en francés y castellano. Dicha novela se refiere al exilio, junto al delta del Danubio, durante el siglo I de nuestra Era, del poeta Ovidio, y al hecho de que Augusto había suprimido los libros del poeta caído en desgracia en todas las bibliotecas públicas de Roma. ¿Por qué esta novela? Por qué Ovidio? Siempre me pareció mi admirado José María un exiliado por causa de la belleza y libertad de expresión en este cada vez más gregario mundo actual y, como el poeta latino, puede el nuestro decir: Non est certa meos quae forma invitet amores/ Certum sunt causae, cur ego Semper amen («No es una belleza concreta lo que despierta mis amores,/ siempre tengo cien motivos para amar»).
Agradecemos a Noelia Illán la oportunidad de saborear nuevamente la poesía de José María Álvarez, y al poeta su generosidad y la libertad concedida que han hecho posible esta oportuna y hermosa antología.

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