Las costillas rotas de Adán

00502LIBMUComo si fuera un boxeador enfurecido que irrumpe en el cuadrilátero, golpeando a su rival con puñetazos rápidos y brutales, y luego modera el ritmo para que su contrincante pueda soportar la paliza hasta el último asalto, cuando de un certero mamporro lo noquea, la escritora irlandesa Edna O’Brien arremete contra el lector desprevenido por el irónico título de esta novela, con una sacudida emocional que lo deja exhausto y malerido, pero feliz de haber sobrevivido a uno de los combates literarios más brutales que recuerda.
Chicas felizmente casadas es el tercer y último episodio de una de las obras capitales de la literatura anglosajona, que comienza con Las chicas de campo y continua con La chicha de ojos verdes. Tres novelas en las que O’Brien describe sin cortapisas los esfuerzos de la mujer por superar los opresivos atavismos sociales, religiosos y morales, que las convierten en seres casi infrahumanos al servicio del hombre.
Ya no queda en esta novela nada de la inocencia de la primera entrega, ni la pasión desenfrenada de la segunda; ahora sólo hay un realismo sucio y descarnado que resume el resultado de una educación y unas costumbres fracasadas y nocivas. Aquellas chiquillas que crecieron en las profundidades rurales de Irlanda, empapadas de miedos y tabúes, que huyen a Dublín una vez alcanzada la mayoría de edad en busca de esas grandes emociones apenas intuidas, son ahora dos señoras felizmente casadas que comparten un destino amargo y desconcertante, aunque sus puntos de vista diverjan hasta el extremo de narrar por separado esta última y cruda aventura.
Ya no es la cándida y enamoradiza Kate la encargada de narrar la historia, tal y como sucede en las dos primeras entregas; ahora es un personaje desarraigado hasta del propio relato. Es en cambio la taimada y audaz Baba, su compañera de andanzas, la que asume el protagonismo  en primera persona, dotando al relato de una fuerza expresiva aún mayor si cabe para narrar el fin de aquel sueño de felicidad.
Kate se ha casado con el amor de su vida y Baba con ese hombre rico que siempre había deseado. Sin embago, el primero se revela como un ser mezquino y rencoroso que le hará pagar con creces a Kate la inocente pero apasionada aventura que mantiene con un desconocido. Y Baba ha de cargar con un rico empresario tan zafio como petulante, de quien obtiene a la par dinero y puñetazos. Ambas afrontan la decepción y la infelicidad de diferente forma: Kate luchando contra la depresión y la custodia de su hijo; Baba gastando a manos llenas, ridiculizando a su marido y ligándose a cuantos hombres se le pongan por delante. Un mundo construido con deseos e ilusiones que se descompone imparablemente ante sus ojos ya cegados por la inmensa decepción.
Cuánto hay de sí misma en esta historia, sólo la propia escritora sería capaz de decirlo. Pero basta con revisar su biografía para comprobar que sabe de lo que habla, e incluso conjeturar que en sus protagonistas se representan las dos caras, opuestas y complementarias, de una sola personalidad: soñadora  y apasionada como Kate, indómita y frívola como Baba. Pero, sobre todo, muestra a una persona de ideas claras y firmes principios, con una capacidad de observación prodigiosa que vuelca en sus novelas, convirtiéndolas en auténticos frescos de una sociedad atenazada por los prejuicios y los convencionalismos.
O’Brien desata en sus novelas una extraordinaria energía que expresa tanto en una feroz crítica a las costumbres de la sociedad católica irlandesa, como en un lúcido análisis psicológico de sus personajes, en el que confluye la imagen solidaria de la madre frente a la figura contradictoria, protectora y opresiva, del hombre. Y de ese fango surge un espíritu libre que plasma su visión de la realidad con palabras certeras, crudas y rotundas.
Las novelas de esta trilogía reflejan todo ese sentir con un estilo desprovisto de artificio, en el que los hechos subliman a la reflexión. De ahí que la lectura, además de ágil y absorbente, goce de una elocuencia extraordinaria que desata las emociones implicando al lector ya no sólo en la propia vivencia de sus personajes, sino en el ambiente que las rodea.
Cualquiera de las tres novelas que componen este tríptico se puede leer de forma independiente, gracias a la habilidad de la autora para construir una trama en la que las referencias son enriquecedoras, pero no imprescindibles. Sin embargo, si no se han leído las anteriores, esta última entrega hace inevitable su lectura. Es más, se puede realizar un ejercicio peculiar leyendo las tres novelas de atrás a delante, en busca de respuestas con un resultado realmente asombroso, pues así es posible descubrir una dimensión del relato que estimula el goce de su lectura.
Edna O’Brien es otro de esos felices descubrimientos que propicia el poder adictivo de la literatura. Una vez leídas estas novelas, no se puede evitar el deseo de querer más. Mucho más.

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