Exégesis de las rutinas

00403LIBMU Los cincuenta es el punto sin retorno de una vida. A esa edad parece que se ha vivido todo lo que había de vivir, y los recuerdos se agolpan remotos, aunque en realidad no sean más que retazos de un pasado demasiado reciente. Las rutinas imponen un presente que apenas se distingue de ese ayer que aún pesa. Y es entonces cuando se cae en la cuenta de la enorme cantidad de momentos que se han perdido mientras los ojos parpadean. Son apenas pequeñas porciones de segundos, un tiempo minúsculo en el que, sin embargo, puede suceder toda una vida.
Miguel Carcasona hace recuento de ese tiempo perdido que bien puede hacer cambiar el rumbo de una existencia, en diez relatos sobre lo que pasa y luego sólo deja la consecuencia. El joven matrimonio que se instala en una urbanización del extrarradio en la que encuentran su tumba sentimental, ese adolescente que desata su hastío embutiéndose una cazadora negra y unas botas, el conductor solitario que busca una emisora de radio en medio de un páramo, el efecto evocador de un matel de hule, o ese polvo sincronizado con el Amsterdam de Jacques Brel. Son los hilos de la tela de araña que teje Carcasona en Un ojo siempre parpadea, esa breve reunión de percepciones, sentimientos y emociones narradas con un estilo crudo y directo, impactante y sobrio. Aspectos de una vida forjada de intermitencias, cuyo resultado se presta a una exégesis de las rutinas.
El escritor hoscense es otro de los descubrimientos de los audaces editores de Tropo. Y desde luego que aciertan con la elección, pues Carcasona nos presenta una obra extraordinaria con la que cualquiera puede verse identificado en alguno de los personajes que pueblan sus relatos.
Carcasona eviscera lo cotidiano para mostrarnos todo aquello que transcurre sin ser visto o percibido, y que sin embargo forja las personalidades, construye destinos y marca el rumbo de un futuro alimentado de presentes en el que todo sucede cuando nadie lo ve.

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