La tradición clásica y el pop/rock

Quién no recuerda la sorprendente canción Hola, mi amor, yo soy el lobo, una de las letras más originales de la movida, Caperucita feroz, de la Orquesta Mondragón? Pero pocos saben, sin embargo, que la letra de esa  canción es original de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), poeta muy importante del último medio siglo, doctor en Filología Clásica y profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, especializado en la presencia de la tradición clásica en la cultura occidental, y que fue  director de la Biblioteca Nacional (1996-2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000-2004).
La editorial Visor de Madrid ha tenido el gran acierto de reunir, en un volumen al cuidado de Julio César Galán, todos los poemas de Luis Alberto de Cuenca que conocieron versiones musicales. El libro, titulado Todas las canciones, colecciona las letras que De Cuenca fue componiendo para la Orquesta Mondragón y para Loquillo, junto a una treintena de poemas musicados por Gabriel Sopeña. Algunos de ellos fueron interpretados por Loquillo en el disco Su nombre era el de todas las mujeres (2011), y otros forman parte de un proyecto en marcha.
Está claro que la categoría intelectual no está reñida con la vida y con las posibilidades de divertirse en este mundo prosaico y vulgar, y Luis Alberto ha sabido integrarse en un mundo diferente, jocoso, divertido, ingenioso, con su punto de crítica social urbana de la vida contemporánea, para crear letras para cantar, que otros han difundido con sumo acierto e incluso éxito. Como el gran Lope de Vega, como Góngora, como Quevedo, como tantos otros, sus letras para cantar retratan la vida cotidiana y muestran su lado más divertido, pero también su ángulo más humano. Ritmo y cadencia, elegancia, versos escogidos, metros clásicos y populares crean en la canción ambiente y  armonía popular. Julio César Galán, en su breve estudio preliminar, explica muy bien lo que supone este encuentro entre la cultura más clásica, libresca y  erudita con la más castiza vida presente, con el mundo de cada día, con los problemas de unos y de otros, tratados con afecto y buen humor. Y es que Luis Alberto de Cuenca ha sabido tender puentes entre su poesía y el universo del rock y de la canción pop.
Los textos recopilados muestran una extraña simbiosis entre lo popular y lo culto y a ello contribuye el tipo de canción creado. Se trata de lo que Galán denomina «canción libre», estructurada en su libertad compositiva con unos rasgos determinados como la perceptible rima, muchas veces consonante, las repeticiones de versos y sobre todo los estribillos, al estilo más puro de la poesía de tipo tradicional castellana y de las letras para cantar de los clásicos áureos.
Es interesante observar que uno de los metros más utilizado es el endecasílabo en ocasiones combinado, como en la canción renacentista, con el heptasílabo, aunque hay otros metros más breves. Todo esto indica que De Cuenca no renuncia a su formación de poeta que podríamos denominar ‘culto’, porque es fiel a la tradición clásica de la poesía española. Pero eso no impide que, con la herencia de Petrarca o Garcilaso de la Vega, surja el lenguaje cotidiano, la representación de las palabras del presente. Decía Luis Alberto que «más que poemas musicados, son letras, letras que yo estaba escribiendo sin saberlo para Loquillo», y es muy cierto que el objetivo de estos textos es la canción, la canción pop de la orquesta Mondragón o la canción rock de Loquillo. Se exige entonces un lenguaje directo, adecuado al ritmo trepidante y rápido de las canciones, un lenguaje que capte al espectador y lo convenza, como si se tratase de una especie de publicidad: ‘Quien compra nuestro billete / compra la felicidad’», de Viaje con nosotros. Y así lo afirma Galán en su estudio preliminar: «Esos personajes y esa persuasión de la palabra se ven envueltos en una sociedad en donde el consumo es la base, y todo ello crea un conjunto de canciones a modo de espejo social, pero desde la óptica de la diversión.»
Lo demuestran canciones como Su nombre era el de todas las mujeres, Political Incorrectness, Nuestra vecina, La noche blanca, Cuando vivías en la Castellana, etc., que Arturo Pérez-Reverte consideró, en el prólogo de un libro-disco de Loquillo, «poemas guarrones, entrañables, políticamente incorrectos». Luis Alberto de Cuenca ha creado todas estas letras sin dejar en ningún momento de ser él, sin renunciar a su acento clásico, sin ceder en la capacidad creadora de su lenguaje siempre incisivo, agudo, original e ingenioso.

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