La Transición sin candados

00102LIBMUDesde luego que la aparición de este libro no ha podido ser más oportuna. Ahora que, por méritos propios, la clase política que se arroga la protección de lo que ya se conoce como el espíritu del 78, pasa por sus horas más bajas, y no pocas y entusiastas voces claman por una revisión del proceso de Transición, poniendo en tela de juicio sus resultados y, por extensión, los sufridos esfuerzos de quienes participaron activamente en él, este Memorial de transiciones (1939-1978) viene a iluminar con intensidad esos rincones oscuros que alimentan el debate, descubriendo nuevos y reveladores aspectos de un periodo crucial para nuestra Historia.

Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona es uno de esos activos ocultos de una empresa política y social descomunal. Miembro de la generación que pilotó la reinstauración de la democracia en España, tras la muerte del dictador, participó activamente en los movimientos universitarios que sembraron la primera oposición al Régimen, divulgó sus puntos de vista como integrante del Grupo Tácito, perteneció a Izquierda Democrática y fue ministro de Educación en los Gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo. En 1982 decidió dejar la política (curioso ejercicio al que hoy se resisten muchos de los que se dedican a ella y no deberían), y dedicarse a su profesión como jurista en la empresa Repsol.
Años después de aquel Acontecimiento, regresa a la primera línea para narrar en primera persona una serie de experiencias que es necesario conocer si se quiere entender el auténtico significado de lo que hoy disfrutamos en paz y libertad.

Sostiene Ortega que el proceso que llevó a la democracia «es el resultado de una sucesión de transiciones que se inicia tras la Guerra Civil, y que se identifican por los hitos que procuraron los cambios a lo largo de los cuarenta años que duró el Régimen de Franco».
De esa forma estructura una obra de largo aliento, que contiene mucho material inédito que contribuye a aclarar algunos de los aspectos más incomprendidos de esa época convulsa. Desde la sinceridad de quien sólo «aquello que he conocido personalmente», este ensayo aporta una visión rigurosa de esos hitos.

Testigo privilegiado de esa época, por haber compartido experiencias con muchos de las personas que luego habrían de acaparar el protagonismo que le reserva la Historia, Ortega reconoce que ese proceso de cambio paulatino fue posible gracias a «un pacto entre las élites», que supieron aprovechar los cambios cruciales que se produjeron tanto en España como en Europa. Y en ese sentido, hace hincapié en un periodo «que para muchos ha pasado inadvertido, pero que marcó una de esas transiciones fundamentales en España, tal es la época del desarrollismo, cuando el país experimenta un crecimiento económico en paralelo a una nueva relación con Europa, lo cual permitió una evolución social que demandaba más libertad y progreso».

No es Ortega condescendiente con sus compañeros de viaje, pues como bien dice, «es necesario conocer bien a las personas para comprender sus actitudes». De ahí el rigor con el que aborda el comportamiento de personalidades como Fraga, Areilza, Martín Villa o Ruiz-Giménez, entre muchísimos otros, en este proceso. Y sobre todo tras la muerte de Franco, cuando «todos se convirtieron: Carrillo se alejó del leninismo, González del marxismo y Fraga del franquismo».

Quizás fue necesaria esa conversión en su momento, pero la siempre resbaladiza atalaya del tiempo alimenta a los exegetas que acusan a unos de traicionar sus principios ideológicos, y a los otros de oportunismo al aprovechar el afán conciliador de quienes se batieron el cobre en la oposición en vida del dictador, y no deseaban malograr una oportunidad como la que se presentó en 1976.

La lectura de este magnífico ensayo ayuda a despejar muchas dudas sobre las circunstancias y las razones que justificaron que la Transición fuese lo que fue. Es cierto que ha transcurrido mucho tiempo desde entonces y es necesario adaptar las leyes a las nuevas exigencias de las generaciones que heredaron la democracia. Pero, como advierte Ortega con mucha agudeza, «es preciso reformar la Constitución, pero siempre con el consenso necesario para que esa reforma sea eficaz». Y es así porque está convencido de que «no hay candado alguno que hacer saltar».
Memorial de transiciones es, en definitiva, un manual de cómo la política puede contribuir a que un país se mantenga en la senda del progreso y la libertad. Una lectura imprescindible para los nuevos tiempos.

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