O. Henry, La redención de un cuentista

portadarolling.inddReconozco que me llevé una muy grata sorpresa cuando recibí este libro, pues ya pensaba que uno de los escritores más insignes de todos los tiempos había acabado en el rincón de los juguetes rotos. Sin embargo, Rolling Stones devuelve a la vida (o debería) a O. Henry, con ocho relatos que en su mayor parte permanecían inéditos en castellano. De hecho, esta es una de las siete obras que vieron la luz tras la muerte del autor, y es un motivo de celebración, sobre todo por la enorme calidad de los cuentos que incluye.
O. Henry, seudónimo de William Sidney Porter, alcanzó por méritos propios un enorme reconocimiento por el original estilo que empleaba en sus obras, pequeñas joyas literarias en las que todo es posible y nada es previsible, que hicieron las delicias de insignes escritores como Jorge Luis Borges, quien consideraba los relatos del escritor norteamericano como «breves y patéticas» obras maestras.
Los cuentos reunidos en este volumen bien podrían considerarse retazos de la propia vida del autor. Y si se conoce su biografía, es posible advertir en ellos una suerte de íntimo ejercicio de redención. Desde el mismo título de la antología, que alude a la revista homónima que fundara el autor en 1894, antes de huir de Austin tras ser acusado de malversar caudales en el banco para el que trabajaba, en todas las historias que incluye aparecen muchos de los aspectos que caracterizaron una vida cargada de emociones: el alcohol, la amistad, las crisis matrimoniales, los viajes a lugares exóticos (el trópico, como él lo llama), el desarraigo, la pobreza o la enfermedad.
Una vida azarosa que proporciona al autor un material precioso para construir historias plagadas de bribones entrañables: desde el avispado vendedor de artilugios imposibles que acompaña a un aguerrido irlandés a su aventura revolucionaria en un pequeño país de Sudamérica, hasta ese médico que en sus ratos libres se dedica a desvalijar cajas fuertes, pasando por un educado indio cherokee que renuncia a someterse a los dictados sociales del hombre blanco, el cocinero de un barco mercante que es abandonado en una isla remota en la que descubre que es presa de sus debilidades, esos dos pesonajes antagónicos a quienes les une una amistad tan estrecha que les hace capaces de jugarse la vida el uno por el otro, o ese joven tuberculoso que deambula por una ciudad tenebrosa y descubre en el amor un resquicio de esperanza para continuar viviendo. Todos componen un elenco de memorables personajes fronterizos que deambulan como piedras rodantes por un mundo que les ha dado la espalda, y buscan un sentido a sus vidas.
Con su habitual sentido del humor, con el que impregna de una ironía sutil todos sus relatos, O. Henry demuestra una vez más su habilidad en el manejo del lenguaje, bien expresada gracias a la excelente traducción de estos cuentos, realizando auténticas diabluras con las palabras para componer una asombrosa sinfonía narrativa que se presta a ser leída en voz alta.
Son narraciones cristalinas que fluyen a un ritmo sosegado, en el que cada adjetivo, cada metáfora, se sitúan en el lugar correcto para proporcionar el soporte adecuado a una armonía casi perfecta del relato. Todo ello contribuye a que la lectura de estos cuentos se convierta en una experiencia emocionante, divertida siempre, enternecedora y escalofriante en ocasiones. Un auténtico placer felizmente descubierto.

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