Alegoría del desastre

portada-cabeza-bruno-schulzA la pequeña ciudad polaca de Drogóbich llega un personaje que dice ser Thomas Mann, causando gran sensación entre sus rendidos admiradores. El parecido es más que razonable, pero su aspecto descuidado y sus modales hacen sospechar a Bruno Schulz, un desconocido escritor que se gana la vida como profesor de dibujo en el colegio local, que el tipo es un impostor. Y así intenta hacérselo saber al auténtico Mann, escribiéndole una carta desde el oscuro y destartalado sótano en el que vive. Atenazado por el miedo, Schulz relata a su admirado colega los sucesos que acontecen desde la llegada de su doble, en los que advierte el augurio de la catástrofe que está a punto de acontecer.  Corre el año 1938, y en Polonia se teme la invasión del ejército alemán, después de ocupar Austria y Checoslovaquia.

El autor checo Maxim Biller expresa con una lucidez asombrosa la mezcla de sentimientos que produjo esa amenaza entre los incautos polacos. Y emplea a su personaje como una delirante metáfora del miedo y la esperanza de salvación.
En la cabeza de Bruno Schulz es un relato corto pero intenso, como un trago de aguardiente que quema por donde pasa. Biller expresa con una crudeza extraordinaria el desasosiego que atenaza a todo un pueblo en la peripecia existencial de un ser pusilánime y desquiciado, introduciendo pasajes de un surrealismo desatado en los que se percibe el inminente sometimiento a los ocupantes que acechan en las fronteras.

Cargado de simbolismo, el relato discurre como un mal presagio en el que las imágenes alegóricas reflejan lo que luego sucedería ante el estupor del mundo entero. El pasaje en el que el impostor azota con un látigo a sus admiradores desnudos en unos aseos enormes, en los que sólo se han conservado las duchas resume con una agudeza extraordinaria el calvario que sufrieron los polacos durante la dominación nazi.

La figura del doble de Mann refleja esa Alemania desaforada que sucumbió a la locura nazi, que extiende su embrujo enfermizo por los países de su entorno aniquilando todo lo que considera contrario a su nueva doctrina.

Biller narra en pocas líneas lo que muchos escritores jamás han logrado expresar con tanta nitidez: el inmenso poder desestabilizador del miedo sobre aquellos que saben a ciencia cierta que se avecina su más íntima hecatombe.

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