El terror no tiene nombre

JUAN CARDERNAS ORNAMENTO.cdrBien es sabido que cada época engendra sus terrores. Vivimos unos tiempos en los que el ser humano dispone de herramientas eficaces para dominar el conocimiento. Tanto que nada parece escapar de nuestro control, convirtiéndonos en seres soberbios que ponemos a prueba nuestros propios límites, desafiando las más básicas leyes de nuestra existencia generando así espacios tenebrosos donde anidan esos nuevos horrores que nos atormentan. Nadie es capaz de saber hasta qué extremo puede llegar el ser humano cuando pierde la identidad.

El anonimato se ha convertido en el instrumento más letal de cuantos han surgido de este dominio de la ciencia y la tecnología. El terror no tiene nombre, es una conjetura inquietante que acecha desde los lugares más insospechados. Nadie sabe quien se oculta tras una pantalla de ordenador, ni qué ojos nos observan mientras atendemos las rutinas cotidianas; no es posible saber quien dirige nuestras vidas ni lo que trajinan en los misteriosos laboratorios protegidos por fabulosas medidas de seguridad. La tecnología nos ha conectado, y a la vez ha engendrado más secretos que nunca.

Muchos autores se han acercado a ese territorio ignoto, pero nadie con la crudeza y la audacia del colombiano Juan Cárdenas en este relato desasosegante y narcotizante titulado Ornamento.

Narrado en primera persona y con un estilo urgente y vigoroso, Cárdenas fabrica un universo opresivo en el que nadie ni nada tiene nombre. Sitúa la acción en un misterioso laboratorio donde el protagonista realiza prueba una nueva droga euforizante en cuatro mujeres a las que reconoce por un número. Una de las voluntarias, la número 4, acusa los efectos de la sustancia de forma diferente a las otras: mientras las unas disfrutan de un placentero sopor, ésta reacciona pronunciando una letanía incomprensible que llama la atención del científico, quien pronto se ve atraído por ella hasta el extremo de llevarla a su casa, e iniciar una relación triangular con su mujer, a la que también proporciona la droga. La enigmática actitud de la joven despierta una obsesión enfermiza en el matrimonio que, poco a poco, lo conduce al enfrentamiento. Antes de que se produzca una ruptura, la chica se va sin dejar rastro y, rendido a sus encantos, el científico emprende su búsqueda descubriendo el terrible secreto que oculta.

El escritor colombiano propone una intriga cargada de suspense que mantiene en vilo al lector hasta alcanzar un cénit desbordante, en el que desata un auténtico torrente narrativo con el que ensambla todas las piezas de una trama que, hasta ese momento, había planteado como un esbozo circunstancial, y que sirve de preámbulo al sorprendente desenlace de la historia.

Ornamento es una de esas novelas polisémicas que cada cual puede interpretar a su manera. Aunque no es difícil vislumbrar el original análisis que realiza sobre la maldad que se engendra en una sociedad narcisista y adocenada. Una maldad que quizás pueda ser inconsciente o sencillamente consustancial a una conducta impuesta por las nuevas costumbres, pero maldad al fin y al cabo. Todo ello proporciona ese desasosiego que sólo las grandes intrigas literarias pueden lograr.

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