Origen de una larga y pintoresca polémica

portada_de_la_poes__a_nueva_gerardo_diego Acaba de aparecer en Madrid una interesante edición de inmenso valor documental para conocer el nacimiento de la vanguardia poética en España, ya que descubre los primeros pasos de los más jóvenes poetas del siglo XX en sus avances para afianzar la nueva estética.  En una coedición entre la Fundación Gerardo Diego y la Residencia de Estudiantes, se ha publicado el libro La poesía nueva  de Gerardo Diego, al cuidado del catedrático de la Universidad de Deusto Juan Manuel Díaz de Guereñu.

Se sabía, desde hace muchos años, como señalaron los primeros biógrafos del poeta, el primero Antonio Gallego Morell en 1956, que el 15 de noviembre y el 27 de diciembre de 1919 Gerardo Diego pronunció respectivamente, en los ateneos de Santander y Bilbao, una conferencia titulada La poesía nueva, y se habían estudiado y analizado las reacciones de la prensa ante esa escandalosa actividad juvenil que rompía con la estética tradicional. Así lo hizo Víctor García de la Concha en 1981. La prensa, sobre todo la de Santander, muy conservadora, polemizó sobre el sentido y el futuro de los nuevos movimientos poéticos, como el ultraísmo o el creacionismo, que Gerardo había explicado en la conferencia, la primera que pronunciaba en su vida, con veintitrés años.

Pero no conocíamos el texto de la conferencia, que se ha descubierto recientemente entre los papeles que conserva la familia del poeta. Se ha transcrito cuidadosamente el autógrafo en el que el joven poeta vanguardista da noticia y revisa con detalle la incipiente historia de la vanguardia internacional y de los movimientos españoles. En tan temprana fecha ya se declara adherido al creacionismo, agresivo movimiento que, fundado por el poeta chileno Vicente Huidobro, le entusiasmó desde aquel año y a él fue fiel toda su vida hasta la senectud. El libro, junto a la transcripción del original de la conferencia, ofrece también por primera vez las notas preparatorias de Diego para el debate posterior, así como los numerosos y enjundiosos comentarios publicados en la prensa de Santander y Bilbao.

El mayor hallazgo que supone esta edición, además de los acertados y bien documentados juicios de Gerardo Diego, es que lleva  a cabo, para ilustrar su conferencia, la primera antología de su vida, que hoy podemos reconstruir. Además de por ser un gran poeta clasicista y vanguardista al mismo tiempo, y junto a su papel como el aglutinador de toda su generación en la conmemoración del centenario de Góngora de 1927, Gerardo Diego pasa a la historia por su condición de ingenioso antólogo: su antología de la poesía española de 1932 y 1934 marcó la ordenación histórica de la poesía del siglo XX, pero también hay que recordar su Antología poética en honor de Góngora, de 1927, o su divertida  Tontología, recopilación de poemas ‘tontos’ o malos de poetas buenos (1928). Pues bien, con esta edición contamos con otra antología más de Gerardo, realizada una década antes, en 1919. Una antología de la lírica de la vanguardia internacional, que revela lo bien que conocía la poesía europea más reciente y sus gustos a la hora de dar a conocer a sus poetas preferidos, españoles y extranjeros, unidos por el común objetivo de ruptura con la tradición clasicista y con el simbolismo y el parnasianismo imperantes en la poesía española en 1919.

El volumen nos permite conocer de cerca el atrevimiento de una persona tan joven, recién licenciado en Filosofía y Letras y opositor en ese momento a cátedras de instituto, al enfrentarse a una sociedad literaria muy reaccionaria y tradicional. Y eso lo tenía muy claro, como Juan Manuel Díaz de Guereñu destaca en su estudio preliminar: «Diego sabía que se iba a encontrar con un público mayormente sordo a las novedades o cerradamente hostil a éstas, pero pese a ello quiso leer su conferencia en el Ateneo de Santander. Tampoco el público de Bilbao prometía una acogida mucho mejor», algo que sabía bien porque su compañero de estudios en la Universidad de Deusto, el poeta creacionista Juan Larrea, le estaba informando por carta de la «incomprensión y desdén» hacia la nueva poesía.
Pero todo esto no amilanó al poeta, y con veintitrés años recién cumplidos se decidió a dar un paso que ocasionaría larga y pintoresca polémica, agitadora de la vida provinciana santanderina durante casi un mes. La reacción de la prensa bilbaína no fue tan beligerante, aunque no carece de interés, sobre todo porque uno de los periódicos recoge el texto escrito por Larrea para presentar a su amigo, uno de los pocos textos que escribió sobre Gerardo Diego.

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