El botones Spirou

Existen personajes de cómic que trascienden en longevidad a su propio autor y sus aventuras siguen impertérritas en manos de otros tan competentes como su creador. Otros, aprovechando su éxito internacional y la caducidad del padre que lo engendró, comienzan a buscar repuestos artísticos que le den vigencia temporal. Así tenemos casos tan conocidos como Astérix, El Capitán Trueno, Zipi y Zape, Corto Maltés, Mortadelo y Filemón o Spirou. Centrándonos en este último, aprovechando la reciente adquisición del personaje por parte de la editorial Dibbuks, que pretende publicar tanto todas las aventuras clásicas en ocasionales volúmenes integrales como las nuevas que están inéditas en nuestro país.
Se inician con la edición de la serie paralela denominada Una aventura de Spirou por… en la que diferentes equipos dan su visión del personaje y su mundo en diferentes escenarios pero sin perder de vista el norte y el espíritu original.
Spirou es una creación del belga Rob Vel en 1938 como personaje central de la revista Journal de Spirou. Se trataba de las peripecias del botones del Hotel Mosquito y su ardilla Spip, a los que mucho después se le irían agregando una gran cantidad de interesantes secundarios, como Fantasio o el Conde de Champignac, que le darían una magnífica dimensión. Cinco años después el avispado editor Jean Dupuis compró los derechos del joven botones y encargó a Joseph Gillain ‘Jijé’ su continuación, quien crearía al eterno y alocado compañero Fantasio. Pero sería su ayudante, Andre Franquin, quien le daría el impulso definitivo al personaje con la realización de historias largas y la incorporación de una amplia lista de nuevos personajes que vivirían continua o esporádicamente las aventuras del joven héroe: Zorglub, Champignac, Zantafio o el curioso animalito de cola súperlarga que responde al nombre de Marsupilami.
A partir de 1959, nuevos autores van dejando su impronta en la serie, ya fuera como colaboradores o, más tarde, con completa autoría: Greg, Jidehem, Fournier, Nic Broca, Cauvin, Yves Chaland, Tome y Janry o nuestro lorquino José Luis Munuera, que, entre 2004 y 2008, realizaría un total de cuatro libros. En breve, disfrutaremos, de la mano de Dibbuks de las últimas aventuras creadas por el actual tándem: Fabien Vehlmann y Yoann Chivard, pero de ellos hablaremos otro día.
Como decía, Dibbuks, inicia su andadura con el quinto libro de la colección paralela en el que, en cada historia, participan diferentes equipos creativos. El botones de verde caqui es la obra firmada por Olivier Schwartz y Yann que traslada a la Bélgica de 1942, ocupada por los nazis sus aventuras en las que combatir a los invasores, es esencial para cualquier patriota.
La fantasía se mezcla con algunas notas de realidad en las que Tintín y Herge aparecen reiteradamente en boca de los personajes, uno como personaje de gran seguimiento popular y el otro como autor criticado por su supuesta colaboración con el régimen dominante.
Acción y humor con un ritmo desbordante que a diferencia de la serie madre, más juvenil, aporta la convivencia de desenfado con escenas de violencia que engloban tortura y muerte. Se trata de una historia para disfrutar más allá de conocer o no al personaje, un relato fuera del continuo de la serie madre que aporta muchas novedades y llamativos elementos de preclaro estilismo franco-belga, que gustará a fieles seguidores y legión de neófitos que, seguro, demandarán, a partir de este mes, su ración periódica de Spirou.

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