El instante y lo eterno

He buscado en vano en el libro el poema que reproduce el marcapáginas del mismo. A ras del mar (Torremozas. La Noctámbula. Madrid, 2015), de Milagros —Mila— López, llega a mis manos en su segunda edición y, de inmediato, se cruzan dos lecturas, indistintas en idioma, émulas en la forma. Un poema está al acecho (Ein Gedicht/ liegt auf der Lauer), escribe Rose Ausländer (1901-1988); «Escribir de puntillas/ para no despertar al centinela», confiesa Mila López en ese poema que parece dirigir el contenido del libro aludido, sin estar presente en él.
Milagros López es una poeta casi secreta, cuyo don poético y talento para la literatura avalan premios y menciones especiales (Emilia Pardo Bazán, Letra Joven, Murcia Creajoven…) y prestigiosas maestras y lectoras de excepción, poetas igualmente y amigas y admiradoras, como Idoia Arbillaga, Cecilia Quíles, María Teresa Cervantes, Isabelle García Molina, Fuensanta López, Isabel Moreno, Dolores Rodríguez, Paz Hinojosa… Mila se ha formado en Filología inglesa (premios extraordinarios en la Universidad de Murcia y en la Thames Valley University de Londres), y por sus estudios y carácter nuestra poeta no es una de tantas autoras ‘automáticas’ que tanto abundan en la actualidad; es decir, que ella sí se deja llevar por la emoción pero guiada por el pensamiento.
A ras del mar es, al parecer, hasta ahora, el primer libro publicado de Milagros López. Con anterioridad, Mila ha dado a publicar sus versos y narraciones cortas en diversas antologías (Torre Pacheco, Segovia, y, en especial, en la Antología Voces del Extremo. Poesía y Resistencia, Amargor, Madrid, 2013).
De este precioso y recomendable poemario destacaríamos la búsqueda y obtención de la belleza como sujeto y objeto; mas, como bien Mila indica, citando previamente a Juan Ramón Jiménez («¡amor! la única rosa»), al iniciar su poema Rosal, lo bello se hace presencia y potencia para el lector atento.

Singular rosal de tu jardín oculto
circundado por murallas
                                    / que no te definen.
Quedará mi esencia
prendida de sus espinas mansas,
mis pétalos me destilarán en luz,
las abejas libarán mi nombre.
Permaneceré así vivida
                                          / en otras flores
e incendiaré tu jardín
                                   / de mi presencia
(pág. 49).
Con un policromado paisaje de Manuel Pérez, la cubierta de A ras del mar nos invita a seguir el ritmo de las olas con el orden y desorden de las páginas que Mila ha dispuesto al dictado de su voluntad poética y emocional. En un bello poema titulado La luna llena en perigeo,  la ambientación es absolutamente sáfica; remota en el tiempo, donde el instante contiene lo eterno y lo eleva hasta convertirlo en astro más brillante o deidad:

Yo fluía de tu mar,
tu fuente de corales me acogía…

Yo fluía de tu mano, de tu boca,
de tu abrazo de agua vital infinita
(pág. 31).

Como un astro, la nueva luna, más cerca de la tierra y de nuestra contemplación, la poesía de Milagros López nos invade con su luz hipnótica y nos lleva por orillas tranquilas, mas para nada quietas, a un lugar donde corazón, alma, presente, pretérito y porvenir forman un círculo foral o coralino…
En ese anillo completado por el amor nos encontramos con Mila, nuestra poeta; una poeta cuyo talento se sabe equilibrar con la bondad.
Si buscamos alguna sombra, no la encontraremos en ningún verso de A ras del mar; parece que el de estío y plenilunio llenen de luces los espacios por los que vagamos sumidos en la nostalgia de un paraíso; un paraíso antes conocido o inminentemente presentido.

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