El primero

Seguramente, todos esperan que diga eso de que el primer libro es como el primer amor, el primer hijo, o yo qué sé primera cosa inolvidable. Bueno, es posible. Pero sin exagerar. No olvidar nunca no es estar recordando siempre. Y, además, se lo digo en secreto, el primer libro tiene muchos pesares. En primer lugar, lo mucho o poco que maduras, te hacen mirar aquel primer libro con algo de aprensión, salvo si publicaste ya maduro, como Cervantes, que cumplió los 48 inédito. Por otra parte, el primer libro, antes de salir, te ha dado disgustos: retrasos repetidos, la portada no acaba de gustarte, no te fías de que las segundas pruebas las hayan pasado… y otras muchas cosas más. Pero, bueno, por fin sale el libro. Entonces viene otra historia: todo el mundo espera que se lo regales. Y, a la mayoría, les adivinas que no lo van a leer nunca. Mi primer libro salió el primero de Julio de 1981. Una fecha nefasta, como es fácilmente adivinable. Quizá de ahí mi poco apego al asunto. v

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