J. L. Abraham López, inquietud por el tiempo

José Luis Abraham López (Cartagena 1973) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, diplomado en Biblioteconomía y Documentación y doctor en Filología Española por la de Murcia. Tras una notable trayectoria como poeta y como crítico literario acaba de dar a conocer su libro de poemas Somos la sombra de lo que amanece, en Madrid, la Colección Baños del Carmen de Vitruvio, en el que recoge una serie de composiciones agrupadas en dos partes o secciones. La primera expuesta a la sensibilidad ante la naturaleza, el paso del tiempo y las mutaciones naturales en la existencia y en la realidad de un poeta que acaba de cumplir los cuarenta años, y entra lentamente en la inevitable madurez. La segunda sección del libro estará presidida por la relación amorosa, por la convivencia y por los avatares de una existencia enamorada y sometida a los vaivenes de la propia vida. De lo que se define que esta poesía claramente existencial está mediatizada por las vivencias que la van enriqueciendo día a día.

Señala José Luis Abraham, filólogo al fin, que la poesía es algo más que un gesto lingüístico, una sensación incendiaria, una acción voluptuosa, un dominio abstracto, un azote sísmico… y mucho tienen sus poemas de fulgurantes chispazos de experiencia vital, de manera que los acontecimientos van forjando una poética de la realidad tan visible como cercana. Prendido a los latidos de la vida diaria, los poemas enriquecen visiones que van forjando, con un lenguaje tan natural como nítido y expresivo, realidades vividas. Y eso quizá es lo que más le interesa al lector: la autenticidad de unas representaciones elaboradas súbitamente que muestran la inmediatez de unos sentimientos interesantes y asumibles. Complicidad de poeta y lector que no siempre es fácil, pero que, en todo caso, este libro crea y fomenta.

Toda la primera parte del libro está constituida por una poesía de objetos de la vida cotidiana, esos fieles compañeros de existencia que conviven con el poeta y que le muestran el reflejo del tiempo, la imagen de momentos que pasaron, desde la infancia, ya un tanto alejada, a la adolescencia. Poesía de recuerdos, que se vincula a cosas que fueron protagonistas en su día y se mantienen en la memoria. Poesía de experiencia que revela sumisión ante el inevitable transcurrir de los días… madrugadas, amaneceres, mañanas, tiempos que anuncian un nuevo día y un vivir hacia el futuro que lentamente va dejando atrás los pasados. Filosofía del tiempo que se acepta, sin embargo, con serena distancia, un tanto irónica y desenfadada. La propia presencia del yo lírico, evocado de forma especular, va trazando distancias que son reflexión de tiempo y de devenir imparable. Tiempo y vida, felicidad y atmósfera cotidiana nutren esta intensa parte del libro en que el poeta, como ante un espejo, se enfrenta a sí mismo y se contempla en su realidad y en su existir.

En la segunda hallamos una incorporación decisiva. Si antes el tú de los poemas era el propio poeta, ahora surge otro ser con el que se convive, con el que se disfruta, al que se ama…. Relación que, como señalábamos, tiene matices y espacios, avatares y sucesos que, si bien la enriquecen y la hacen amena y apetecible, no es menos cierto que a pueblan de intensas sombras preocupantes. Si después de tantos abrazos, apenas queda un rastro amarillo en los ojos, nunca como hoy estamos hechos peligrosamente el uno para el otro, se dice en algunos versos que revelan episodios de contradicción, pero también de positiva ansiedad y de deseo de permanencia, sobre un tiempo, que, si bien actuó con fuerza en la primera parte del poemario, ahora mediatiza encuentros, y recupera del pasado memorias desgastada como una vieja fotografía.

Y hay que asegurar que los elementos de la vida cotidiana, las cosas, los objetos habituales siguen formando parte del imaginario más real que simbólico de todas estas representaciones poéticas. Retengamos a fuego todos los siempres que nos dijimos para cuando el sollozo quede para querernos. Pasado, presente, futuro, inquietud ante una madurez que se confirma y que anuncia un devenir, en el que el tiempo marca con sus exigencias la inquietud de una intensa relación amorosa, hasta llegar a esa patética y desencantada despedida final que cierra el poemario con la intensidad que ha venido prodigando en esa variada y contradictoria historia de amor y de amores.

Un vocabulario de eficacia decisiva y unos ritmos de contenida elegancia han hecho posible la creación conjunta de un buen libro de poemas.

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