La Cartagena misteriosa

Al parecer ,el género detectivesco está de enhorabuena en Murcia. Recientemente, el triunfo de Víctor Ros de Jerónimo Tristante. Y ahora llega a nuestras lindes un nuevo y peculiar investigador: Sergio Gomes.

El detective Sergio Gomes llega a Murcia a pasar lo que prometían ser unas apacibles vacaciones en el Hotel Entremares, en La Manga. Descanso, buena dieta y nada de trabajo. Sin embargo, un caso, en apariencia sencillo, se cruza en su camino, la muerte de Benjamín Blaya. ¿Un accidente, un suicidio o quizá un crimen? La Policía ya ha dado carpetazo al asunto, pero este empecinado detective no cejará hasta recomponer todas las piezas del puzle de esta misteriosa muerte.

Las investigaciones de este peculiar detective, de mirada vitriólica y carácter descreído, conducirán al lector a través de un sinfín de aventuras por estampas de una Cartagena reinventada, frecuentando una galería de personajes peculiares, oscuros y poliédricos, y situaciones de lo más extravagantes, hasta concluir en la resolución de un caso que no es lo que parecía.

¿Y quién nos regala esta historia? El autor, profesor de literatura, ensayista, crítico literario, agente cultural y novelista Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965), un escritor orquesta, capaz de afinar el violín de su prosa en muy distintos registros: el relato, la crónica, el guión y sobre todo en la novela. Y dentro de la novelística, parece haberle tomado el pulso al relato policíaco. Es este un género, además, que no permite deslices ni errores, ya que su composición debe ser precisa en su arquitectura, cada pieza ha de estar colocada en su lugar oportuno; los personajes han de ser criaturas vivas que actúen como resortes indispensables y funcionales de la narración. La trama no se puede prestar a giros innecesarios ni redundancias. Y en este sentido, hay que reconocer que Parra Sanz logra con creces su cometido, porque su prosa limpia, ágil y de una precisión inaudita logra hacer discurrir la peripecia narrativa por los meandros de lo impredecible, haciendo que el lector disfrute de la duda, del desconcierto, hasta desembocar en un delta concéntrico, conclusivo, revelador y bien cimentado desde su origen.

Varios son los aciertos de este libro, deudor de la novela negra clásica y del cine noir norteamericano, del que recoge una factura visual de alta definición. El primero, como ya hemos ido comentando, su prosa equilibrada, que a golpe de frase, construye un artefacto narrativo sin fisuras y suave por el que el lector se desliza sin aparente riesgo. En segundo lugar, la mirada de Antonio Parra Sanz disecciona con ironía, mordacidad y espíritu sherlockholmesiano nuestra sociedad y sus aristas: política, economía, urbanismo, tráfico de drogas y de material arqueológico, inmigración, prostitución, fraude, política, corrupción… Por otro lado, su lupa arroja luz sobre la silueta siempre difusa del alma humana y nos muestra su desnudez y los entresijos de nuestras propias miserias cotidianas: el miedo a la soledad, la banalidad del mal, el odio, la envidia, el éxito y sus consecuencias, el amor, el deseo no correspondido y sobre todo la avaricia, asunto central, que toma del rey frigio Midas su célebre leyenda como símbolo ineludible.

Como todo buen libro, La mano de Midas presenta varios niveles de lectura. Es un juego, un entretenimiento, quizá, como diría Borges, la única función a la que debiera aspirar la literatura. También es una honda y lúcida mirada a nuestra realidad, al presente y al ser humano que en ella habita. Una mirada que no es inocua, que hará reflexionar y que, alejada de maniqueísmos, nos plantea cuestiones nada cómodas: ¿cómo es posible que un ser oscuro sea también alguien compasivo, con sentimientos puros? ¿Es más valiosa una vida que la otra? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por amor?

Que cada lector elija su lectura, en todo caso, La mano de Midas las contiene todas. Uno de los mejores libros de esta temporada.

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