La condena de Levi

La figura de Primo Levi es apasionante por su consistencia literaria y por su peripecia vital. Apasionante y llena de clarososcuros. Superviviente de Auschwitz, en 1987 se ejecutó a sí mismo. Su memoria le aplastó. Al genovés Sergio Luzzato, profesor de historia moderna en la Universidad de Turín, le fascinó su historia y fruto de ese interés no exento de espíritu de orfandad ética es su controvertido libro Partisanos (Debate), un recorrido por la historia de la Resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial. Y en esa historia tiene un importante papel el capítulo protagonizado por el autor de Si esto es un hombre con solo 24 años en su breve pero intensa vivencia de tres meses como partisano en el valle de Aosta en otoño de 1943 antes de su deportación al infierno nazi. Nunca quiso hablar de ello: era un «secreto desagradable, el mismo secreto que nos había expuesto a la captura, apagando en nosotros toda voluntad de resistir y hasta de vivir». Y el recuerdo de aquellos días en El sistema periódico de quien se consideró un «partisano desastroso» no puede ser más escueto y poco esclarecedor.

«Nos habíamos visto obligados por nuestra propia conciencia a cumplir una condena, y la habíamos cumplido, pero habíamos salido de ella destruidos, destituidos, deseosos de que todo acabara y de acabar nosotros mismos». ¿Quiénes eran los condenados? Los partisanos Fulvio Oppezzo Furio y Luciano Zabaldano Mare de 18 y 17 años. Ejecutados con una ráfaga de metralleta por la espalda, al estilo soviético.

«Mi periodo partisano ha sido, sin duda, el más opaco de mi carrera, y no lo relataría voluntariamente: es una historia de jóvenes bienintencionados pero tontos, y bien está entre las cosas olvidadas». Palabra de Levi. Cuatro días después de aquel episodio, Levi fue capturado por los nazis y enviado al campo de exterminio. Declararse judío le conducía a la deportación. Confesar su pertenencia a la Resistencia le hubiera costado la vida directamente. No se saben los motivos de aquella condena, al menos Luzzato no ha conseguido saberlos, aunque siempre ha habido especulaciones de todo tipo por el convulso escenario en que se desarrollaban los acontecimientos de una Italia quebrada. «Teníamos frío y hambre, éramos los partisanos más desarmados del Piamonte, y probablemente también los más desprevenidos», escribió Levi.

Luzzato incrusta la historia de Levi («casi ridículamente insignificante») en un decorado marcado por la (r)evolución de las ideas políticas, las complejas relaciones con la población y los peligros de las tinieblas del corazón humano: traidores, chivatos, infiltrados… El autor tiene claro que «hoy en día, una historia de la Resistencia solo tiene sentido civil como un cuerpo a cuerpo. El cuerpo a cuerpo de los personajes, empeñados en combatirse no solo por odio, sino por una idea diferente de la humanidad, de la justicia y de la sociedad». El cuerpo a cuerpo del historiador con ellos: «Para ver no estampitas de santos ni de monstruos, sino figuras reales». Ahí, el químico Primo Levi funciona como «reactivo ético para esta historia de la Resistencia».

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