Lo primero de Azorín

portada_20de_20diario_20de_20un_20enfermo_20_28mart_c3_adnez_20ruiz_29(1) Acaba de aparecer en la veterana colección Letras Hispánicas de Cátedra, en Madrid, una excelente edición crítica, realizada por la profesora de la Universidad de Girona Montserrat Escartín, de la primera novela de Azorín (Monóvar, 1873-Madrid, 1967), que con el título de Diario de un enfermo publicó en Madrid en 1901, cuando aún firmaba sus novelas con el nombre de J. Martínez Ruiz. No utilizaría el seudónimo de Azorín hasta 1905, cuando asumiera para sí el apellido del protagonista de sus siguientes novelas: La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), tan directamente relacionadas con la Región de Murcia y especialmente con Yecla, escenario de muchas de sus páginas.

Justamente estas novelas iniciales constituyen todo un ciclo en la narrativa de Azorín que contribuyó definitivamente a la renovación de la novela española en el siglo XX. Azorín, cuando escribía estas narraciones, lo hacía, tras algunos experimentos previos, con la conciencia de que estaba inaugurando una nueva manera de concebir el género. Se ha hablado de experimentalismo, y posiblemente en el planteamiento de Azorín ante el género novela quizá existiera tal intención. Pero de lo que no hay duda alguna es de que Azorín escribía de sí mismo y sobre sí mismo, porque necesitaba mostrar a su lector algo de lo que sobre sí sentía, en un momento concreto de su existencia, en un escenario preciso.

Diario de un enfermo es la primera novela de Azorín. No se trata, si bien pudiera parecerlo por el título, de un diario personal, aunque, en efecto, utiliza este tipo de estructura literaria, a la que fue muy aficionado en sus primeros años como escritor. Pero las fechas de las anotaciones diarias nos permiten observar algunos datos de interés, como lo es, por ejemplo, la proximidad de lo escrito con su publicación en 1901, ya que el diario empieza el 15 de noviembre de 1898 y acaba el 6 de abril de 1900. La condición de diario alude también al carácter muy subjetivo de la novela, que desarrolló ampliamente en las tres novelas antes citadas protagonizadas por Antonio Azorín, consideradas por la crítica como una autobiografía espiritual del protagonista-autor.

Lo cierto es que en Diario de un enfermo, una novela tan personal y subjetiva, asistimos al conflicto personal de su autor entre su muy activa vida pública como periodista y político con su condición y carácter de hombre solitario, triste y melancólico, contemplativo y lector de los filósofos alemanes, sobre todo Nietzsche y Schopenhauer. Las contradicciones entre el hombre de acción y el personaje contemplativo desarrollan muchas de las reflexiones de esta interesante novela.

Monserrat Escartín en su estudio preliminar, que supera las doscientas páginas (la novela apenas ocupa cincuenta), explica con toda claridad las complejas circunstancias en que este relato se escribe y cómo se convierte en la primera experiencia directa de Martínez Ruiz en relación con los géneros de ficción. Pero más aun lo que valora por encima de todo es el autobiografismo, que define la actividad literaria ficcional del primer Martínez Ruiz y la condición melancólica del que antes hemos denominado protagonista-autor. Desde luego, en el estilo de Azorín tiene ya importancia decisiva el impresionismo y la subjetividad que crean una escritura muy personal y son la base de la renovación de la novela del siglo XX, en la que Martínez Ruiz desempeñó un papel fundamental junto a Unamuno, Baroja y Valle-Inclán. Los cuatro publicaron las célebres novelas de 1902 (respectivamente La voluntad, Amor y pedagogía, Camino de perfección y Sonata de otoño), que abren la literatura española del siglo XX a la novela lírica, la novela intelectual o la novela poemática…

Por supuesto, el estudio preliminar se refiere también a la relación de Martínez Ruiz y la enfermedad, algo que siempre le torturó. Todavía, en 1943, publicaría otra novela, El enfermo, en la que Azorín crea un protagonista, trasunto de sí mismo, que le servirá para reflexionar, una vez más, sobre su propia identidad, la influencia del paso del tiempo en la evolución de las personas y de él mismo, la defensa de su mundo interior frente a las exigencias sociales, y, ahora, agudizado su pensamiento por el paso del tiempo, los problemas de la edad, ya que protagonista y autor coinciden en haber alcanzado la edad de setenta años. Un análisis detallado de Diario de un enfermo (argumento, protagonistas, temas, espacio, ambientes, paisaje, trama, estilo…) cierra el espléndido estudio preliminar de Monstserrat Escartín, que, una vez más, ha demostrado la actualidad de Azorín, algo que en los tiempos que corren pueda llegar a sorprendernos.

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