Esperar a Justo Navarro

Nunca sabes cuando un escritor va a ser fundamental para ti, ni por qué puede ocurrir que te pases años esperando que publique algo nuevo. A mí me sucedió hace ya un tiempo con Justo Navarro, alguien cuyo nombre siempre me rondó; pero bastó con que la insistencia de un amigo en que leyera F (Anagrama, 2003) para que su existencia se me revelara como esencial. Así, la llegada a los escaparates de Gran Granada (Anagrama, 2015), suerte de continuación de La casa del padre (Anagrama, 1994), me ha pillado convertido en un ansioso fan. Me temo que como no estoy muy lector esta será una lectura diferida hasta el verano —el circulito que Anagrama le ha colocado en la portada que adscribe al libro a la ‘novela negra’ parece sugerir una degustación de playa y sombrilla—. Más que en una crisis lectora creo encontrarme en una pausa, al menos eso es lo que quiero creer. Incluso cuando me detengo en las páginas de un tebeo, por ejemplo en un viejo tomo del Nick Furia de Jim Steranko que publicó la extinta Forum, apenas observo los textos y me limito a disfrutar con los dibujos. Tampoco es la primera vez que esto me ocurre, y ya pude superarlo en el pasado. Eso sí, en estos últimos tiempos sí que leo muchas revistas, afición que nunca he abandonado, aunque creo que soy de los pocos que mantienen ese hábito. Tebeos y revistas, ay, soy lector de kiosko.

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