A bordo del dolor

9788490602799No es un escritor profesional ni un periodista de investigación. Tampoco es una víctima. Su identidad es la de un viajero que se encontró en medio de una tormenta que tiñó de rojo y negro la primavera de una estación de trenes en la que cada mañana desembarcan trabajadores, estudiantes, pasajeros que se conocen en silencio las miradas, las apariencias, el destino que se imaginan unos de otros a través de los pequeños detalles y rutinas. Transeúntes entre un tiempo muerto y la velocidad del viaje cuya realidad cotidiana de repente saltó por los aires. Nadie, antes de aquel 11M en Atocha, imaginó que la muerte cabe en una mochila, que puede ser un polizón bajo el asiento de al lado, que a la muerte no le importan el fanatismo ni las siglas de un crimen. La sospecha, las manipulaciones, la politización, sólo interesan a los que priorizan sus intereses por encima del  dolor, de las vidas perdidas, de la manera de gestionar con delicadeza y justicia la herida de los supervivientes. El testimonio a favor de la memoria que se queda huérfana.

José A. Garrido López, militar de tierra, ciudadano de infantería, oficial europeo, sabe de conflictos bélicos, de estrategias diplomáticas, de crisis y empresas. Y de la vida que uno aprende a valorar a partir de los pequeños gestos cotidianos. También sabe que los trenes son un retrato social de la soledad. Y desde 2004 el escenario de una tragedia nacional sobre la que nos cuenta su experiencia, sus recuerdos en trayecto, el viaje desde sus raíces malagueñas y sus estudios al tiempo de otros trenes en los que construyó su identidad hasta llegar al viaje donde muchas vidas y promesas perecieron mutiladas o se llenaron de esquirlas de dolor que, once años después, todavía escuecen cuando la fecha se sucede enlutada en el calendario.

José A. Garrido López escribe pulcro y sencillo, desde una memoria que refleja en las ventanillas de aquel tren y de la propia escritura, la evocación de otros paisajes como los de Bosnia y los de Líbano, de otros escenarios y trenes que se detienen en el pasado de las estaciones del hambre, de la inmigración de ayer que olvidamos al recelar de la que nos llega hoy, y en aquel día de primavera que un atentado transformó en numerosas pesadillas al final de un corredor. El primer recuerdo del que nos relata fue una sacudida, una colisión imaginada en la emergencia de un instante de desconcierto, de gritos en sentido contrario a las explosiones, de los ángulos muertos que zumban en los oídos del  hombre que ese día había cambiado de vagón, de asiento, de destino. Su relato, humano y fragmentado, igual que la memoria de la que no se ha curado del todo el humo de una explosión, nos coloca a pie de la desolación. Nos muestra qué se siente al contemplar el vientre abierto de una realidad, que casi siempre sucede lejos, mientras intenta socorrer a los heridos, a los que ya están muertos, a los que les aturde haber perdido un zapato o se han convertido en un fantasma para siempre.

Nadie está preparado para vivir un atentado, para convertirse en víctima, para improvisarse en un héroe que no quiere serlo, para ser un superviviente. Tampoco para volver a viajar a bordo de un tren y contarnos lo que sucedió sin una metáfora que suture el desgarro ni estilo literario con el que colorear el suspense y el drama. Garrido López lo cuenta de manera directa. Es la voz  civil de un pasajero que salió ileso de la experiencia, rememora las emociones de lo sucedido y nos transmite las huellas del dolor y del vacío. Su lectura sirve para pensar en las diferentes maneras de gestionar la tragedia y el sufrimiento, las sombras y las estrategias, las conmemoraciones y los olvidos.

La vida en un viaje es un relato que encara la historia de un día amputado a la libertad en paz y nos habla de cómo la vida zurce la misma herida abierta y nos descubre la importancia de la educación social, de los pequeños rituales, de los afectos espontáneos que nos enriquecen y nos salvan de cualquier tipo de dolor, de orfandad, de vacío.

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