EriI Hotta, el origen de una catástrofe

Si terrible fue la matanza que se produjo en Europa entre 1939 y 1945, no menos horrorosas fueron las batallas que se libraron en Asia, con Japón y Estados Unidos como protagonistas principales. Sin embargo, hay una pequeña diferencia entre ambos escenarios, ya que en el caso asiático, las hostilidades ya llevaban varios años en pleno apogeo tras el inicio de las operaciones japonesas en territorio chino, con algunos episodios especialmente terroríficos como la toma de Nanjing por las tropas niponas, donde se cometieron espeluznantes matanzas, torturas y violaciones que han perdurado como uno de los ejemplos más característicos de la deshumanización.

La guerra del Pacífico ha quedado, sin embargo, un tanto ensombrecida por el gran interés que los historiadores occidentales han prestado a las operaciones bélicas en Europa y el norte de África, como así lo prueba el número abrumadoramente superior de obras que abordan los diferentes aspectos de aquellos acontecimientos en relación a los que sucedieron en Oriente.

Japón 1941 viene a complementar la panorámica de la Segunda Guerra Mundial con una información esencial para comprender lo sucedido en el Pacífico, proporcionando la documentación precisa sobre las razones que llevaron a Japón a ampliar sus hostilidades, implicando en la guerra a los Estados Unidos, un coloso durmiente hasta el momento en que la aviación japonesa lanzó el devastador ataque sobre la base naval de Pearl Harbor.

Los motivos que llevaron al Gobierno japonés a jugar tan arriesgada baza nunca han sido claros. Quizá por el peculiar carácter japonés, impregnado de ese estoicismo que les hace tan reservados, o bien por el hecho de que el trágico final de aquella guerra, tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y la humillante capitulación que convirtió al país en vasallo de la potencia vencedora, movieran a sus gentes a asumir en silencio sus errores y restañar el daño causado con un olvido calculado, mirando hacia adelante en busca del honor perdido.

Sea como fuere, aquel episodio sigue siendo un misterio y por eso digno de interés. La historiadora japonesa Eri Hotta trata de desvelar las claves de aquella infausta decisión en un ensayo tan apasionante como instructivo y revelador. Japón 1941 analiza los pormenores del proceso que llevó al Gobierno japonés a lanzar el ataque sorpresa sobre la base naval estadounidense de Hawaii, centrándose sobre todo en el comportamiento de sus principales protagonistas, a quienes escudriña a conciencia en busca de las razones personales que les movieron a tomar esa decisión.

Como es lógico, Hotta contextualiza dicho proceso en la realidad social, política y económica del momento, para lo cual ha de transitar por el tiempo a base de análisis retrospectivos que puedan explicar la deriva de un país que poseía todas las condiciones para haberse mantenido al margen del delirio autodestructivo que parecía haberse apoderado del mundo tras la crisis de 1929.

La escasez y sobriedad de los documentos conservados de la época convirtió este trabajo en una empresa especialmente ardua, tal y como reconoce la propia autora. De ahí que tuviera que recurrir a fuentes secundarias para iluminar los rincones más oscuros de las evidencias históricas. Así, además de los documentos oficiales que se salvaron de la destrucción, Hotta recurre a diarios personales de personajes de renombre en la época, artículos de prensa y los testimonios que legaron a duras penas algunos de los supervivientes. Pero sobre todo, y he ahí lo más interesante del ensayo, explora la personalidad y la trayectoria de los principales actores de este drama, analizando su comportamiento en determinadas circunstancias, la conducta que los caracterizaba y los hábitos propios de su condición social. De ahí que este sea un estudio de personas más que de hechos, lo que le reporta una dimensión humana más inquietante si cabe.

Con un lenguaje accesible y cuajado de anécdotas y referencias cruzadas, la obra de Hotta ofrece un relato tan apasionante como perturbador de unos sucesos que cambiaron el curso de la Historia, pero también proporciona una imagen clara y desasosegante de la miseria humana.

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