Memoria del miedo mutuo

00402LIBMU¿No será la memoria una novela?». Esta pregunta con la que Fernando Marías cierra uno de los capítulos de su obra La isla del padre se puede contestar con una rotunda afirmación, puesto que su memoria familiar —en concreto los recuerdos que confluyen en torno a su padre Leonardo— se convierten en su fuente de inspiración para escribir esta novela, que viene avalada por el Premio Biblioteca Breve que cada año otorga la editorial Seix Barral.

Este trabajo narra en sus primeras páginas lo que sucede en cualquier familia cuando acecha la muerte, esos pensamientos que llegan a la mente cuando alguien cercano se encuentra en sus últimos estertores —en este caso Leonardo— y con los que todos, en algún sentido, nos hemos identificado a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, la existencia del padre de Marías no termina cuando exhala su aliento final, pues se extiende mientras dura la escritura de La isla del padre, acompañándolo para cumplir con su postrera promesa.

¿De qué trata este ejercicio narrativo? «Trata, dije sin titubear, del miedo mutuo que desde el primer momento nos tuvimos mi padre y yo y de cómo logramos superarlo». Con esta frase resume el autor el contenido de este trabajo autobiográfico en el que aborda las circunstancias que rodearon su relación paternofilial a través de sus recuerdos de niño, de adolescente y ya de adulto. Con La isla del padre Fernando Marías ajusta cuentas con su pasado, con el vínculo que establece con su progenitor basado en el Miedo Mutuo tal y como el novelista lo denomina, atribuyéndole letras mayúsculas con el fin de subrayar en qué medida les marcó y les condicionó.

Leonardo Marías tuvo una vida a la que se le puede otorgar, sin lugar a dudas, el calificativo de aventurera. Profundamente socialista, militó en las filas republicanas durante la Guerra Civil y, finalmente, fue capturado y hecho prisionero; sin embargo, el azar, como cuenta en el libro, le llevó a salvar el cuello, a diferencia de su hermano Luis, y a enrolarse en el bando franquista. Posteriormente, tras su paso por un taller mecánico, consiguió hacer realidad su sueño profesional: ser marino mercante, dedicándose a recorrer el mundo desde la salas de máquinas de los barcos. Sin embargo, esta actividad laboral determina su relación con su hijo Fernando que, tras una prolongada ausencia, al verlo exclama: ·¿Quién es ese hombre?». En este momento se instala entre ambos el Miedo Mutuo, una situación que les lleva, durante años, a tratarse con un cierto recelo y que terminan venciendo gracias a un reloj, al cine, el monte Pagasarri y la revolución rusa, amén del empeño ‘disimulado’ de su madre.

Aprovecha también Fernando Marías esta creación literaria para desnudar su alma, para descargar sus sentimientos de culpa y evocar con nostalgia retazos de su infancia, de su juventud y de sus primeros pasos por Madrid; y, al mismo tiempo, traslada al lector cómo fueron sus andanzas iniciales en el mundo del cine, sus primeras películas o la entrada ‘furtiva’ a las salas de proyección sin tener la edad permitida, en lo que se puede considerar su particular homenaje al séptimo arte, un género por el que transita su existencia de forma indisoluble, junto al de la literatura, al que también abundan las referencias en La isla del padre.

En definitiva, estamos ante la evocación de los recuerdos de una persona que denota una existencia marcada, desde niño, por una prolífica imaginación que le lleva a trasladar a todo aquel que se sumerja en las páginas de esta obra de un confín a otro de los mares, a presenciar el duelo final de un western, a contemplar Bilbao desde la cima de una monte, a realizar una y otra vez en tren el trayecto Madrid-Bilbao con sus consecuentes imprevistos, a descubrir detalles familiares que el paso del tiempo relega al olvido y, principalmente, a sentir el amor entre un padre y un hijo, gracias a la superación de los desencuentros y a pesar de los silencios.
Una novela para adentrarse en el recorrido vital de un hombre fascinante cuyo destino, en muchas ocasiones, estuvo marcado por el azar, y cómo esas vivencias marcaron de forma determinante la relación que mantendría durante toda su existencia con su vástago, Fernando Marías, a la sazón narrador y autor de La isla del padre.

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