Arlandis, dialéctica de los contrarios

portada_del_libro_de_sergio_arlandis_desordenSergio Arlandis (Valencia, 1976) acaba de publicar su libro de poemas Desorden, en Granada, en las ediciones de Valparaíso. Se trata de un libro valiente y comprometido con la vida y con el tiempo que al poeta le ha tocado vivir, con la presencia en sus páginas de una realidad vital autobiográfica compulsiva.

Arlandis, excelente filólogo salido de las aulas de Valencia, actualmente profesa como docente en las de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia. Por esta razón, el libro, perfectamente estructurado en cuatro partes, la primera y la cuarta de un solo poema, cierra sus páginas con un poema agresivo y denunciante, Un español que se marcha, alegato vital en prosa del ciudadano que sufre en sus carnes la injusticia de un mundo indigno, que envía a los mejores muy lejos, cuando la esperanza, la vida y el amor están aquí, a este lado del Atlántico.

Por eso quizá el poeta siente el desorden de su existencia y la quiere confiar en unos poemas muy bien construidos, con un lenguaje claro y directo, nítidamente subjetivo y dotado de una convicción total, pero enriquecido por una metaforización inteligente que lo define como personal y crea un estilo propio.
La primera parte del libro está compuesta de un solo poema, titulado Orden, el mismo título de esta sección inicial. Un solo poema en prosa muy extenso que pone de relieve, de forma programática, el sentido de este libro, y justifica su propio título: Desorden. Porque desde estas primeras líneas se establece una dialéctica orden / desorden que es signo también del trascurso de la existencia y del paso del tiempo. Antes / después, pasado / presente, memoria / olvido, orden /desorden… y así comienza en un libro de poemas reflexivo, en el que las realidades se detienen para mostrar un conjunto de reconsideración de tiempos y de espacios, que cambian, que transcurren…

La segunda sección en que el libro se estructura, lleva el título de Sentencia de la luz, compuesta de catorce poemas (catorce serán también los que nutran la tercera parte), en los que el poeta emerge desde su propio autorretrato frente a la vida, el tiempo, la edad, los objetos que le rodean.

Comparece el yo lírico diluyéndose y mostrándose a través de las representaciones poéticas de su propia fisonomía, que emerge poema a poema: ojos, manos, rostro, párpados, piel, labios… revelándose ante el espejo que descubre su propia realidad mientras las tribulaciones de la vida van mostrando tropiezos y desorden, y las palabras se confunden con los lexemas establecidos: ejercicios espirituales, réquiem, panes y peces o, desde el otro lado, declaración de patrimonio, versión original, boletín oficial del estado… Jirones de existencia que muestran distancias en el espacio, viajes, trenes, la patria desde lejos, la luz familiar, las calles, la propia autobiografía intelectual desde el nacimiento a la adolescencia, y nuevamente el espejo mostrando inquietantes introspecciones.

Y el tiempo transcurriendo, otoño tras otoño, sobreviviendo en la palabra, en el acto de escribir, en el propio poema como consolación o refugio.
Dos puntos se titula la tercera sección, en la que dos seres se encuentran en el amor y lo viven con sus sobresaltos y con sus pasiones. Aunque, muy coherentemente con la sección anterior, de nuevo la autobiografía, las figuraciones del yo emergen para mostrar un mundo nuevo por convivido, con su propia historia en tiempos de crisis, como se sugiere en el excelente poema en prosa que abre esta sección del poemario.

Son dos puntos que existen y se encuentran, equidistantes y latentes, que viven la realidad del amor, mientras boca, manos, sonrisa, lágrima, ojos, piel, reviven un mundo de encuentros en las palabras, en el verso, en las estrofas y en sus combinaciones métricas. Como si el encuentro evocado esté destinado a concluir finalmente en un poema de amor, como el que culmina y clausura la serie entre versos, palabras, amor, carne y proximidades, realidades sublimadas en el encuentro ansiado.

En todo caso, el conjunto que representa este libro poético introduce al lector en un mundo muy personal de vivencias y sentimientos compartidos. Si en la primera parte el poeta se autoanaliza y descubre su yo con imaginería de riqueza singular, en la segunda es la convivencia, la relación con la amada la que justifica los poemas en los que descubrimos además de al yo lírico a la amada sentida y vivida paso a paso, día a día, sobre el tiempo.

Conjunto pues completísimo que coronan el introito y la coda, en las que se evidencian las causas del desorden que se anuncia en el título del poemario.

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