La tinta

No sé qué volumen ocuparía la tinta empleada por Cervantes en el Quijote. Entre la que permaneció pegada y seca a la pluma, o en los bordes del tintero, o que por algún camino no llegó al papel, y la que al fin se hizo carne de letra desde la primera frase a la última, bien creo que fuera un monto importante de porcentaje a restar de la que comprara el hidalgo.

Hablo de la que aún se podría leer en el manuscrito que Don Miguel comenzara en las cárceles de Sevilla.

Pero también hablo de la tinta de la imprenta de Robles, donde se imprimió. ¿Serían acaso unos cuantos tinteros o algunos pocos litros, o menos, de tinta? Yo qué sé, ni me importa saberlo. Sépalo quien le interese, y haga cuentas. Me interesa saber cuánta letra de frase genial yace en las tintas todas que hay por el planeta Tierra.

Cervantes moja el plumón de ánade en el tintero, y sacando mero líquido negro, mete en el rudo papel de la época eternidad pura en forma de frase en castellano. Así como la obra de arte de un Buonarrotti o un Canova, duermen un sueño de marmórea masa inerte, antes de coger su inefable forma inmortal.

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *