Periódicos en el suelo

Me descubro a mí mismo interesado en la nueva novela de Umberto Eco, Número cero (Lumen, 2015), y no es algo que haya ocurrido antes. Porque jamás he leído nada de la narrativa del italiano, aunque sí bastante de su obra ensayística —releo esta frase y me siento como un pedante, son tantos mis defectos—.

Algo había leído sobre este libro, Número cero, y llamó mi atención por tratarse de ficción en torno al periodismo, una de mis pasiones más persistentes. Pero lo que ha acabado de decidirme ha sido un escaparate, así que Lumen ha acertado con la promoción.

Basta con poner una pila de periódicos, que es lo que ha usado Lumen como reclamo, ya sea en el suelo de la calle o en el de una librería, y el corazón me da un vuelco; y mi emoción aumenta si son falsos periódicos, quizá porque me recuerda a los que editaba con mi hermano o a los que, ya en mis días de editor solitario, intentaba vender sin éxito en el autobús de mi colegio.

Aunque el falso periódico que considero mi favorito es el que aparecía de forma reiterada en un álbum de Súper López, la gran creación con capa de Jan —cada vez que veo un nuevo tebeo de este oficinista catalán, que pedía croasanes en el Metro, mi mirada se posa con cariño—. También me hacía mucha gracia el falso periódico que acompañaba a un disco de Jethro Tull, pero ese recuerdo me emociona menos.

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