Santiago Delgado, aventura del absoluto

9788490397589_Cover.inddNuestro héroe, Marcos de Constantinopla, se dirige en su largo viaje, navegación llena de peligros, a una tierra incógnita, la última Thule. ¿Qué impulsa, tras una apuesta con sus contertulios y habituales (unos armenios, un nórdico…), a Marcos el constantinopolitano a ir en pos de un cuerno de narval, el unicornio marino; una captura difícil para un hombre de cultura y habituado a la austeridad del estudioso, pero también a los placeres citadinos acordes con su rango?

Una «peregrinación al fondo del alma», se nos indica al lector de esta hermosa novela de iniciación espiritual; o, también, de reintegración del alma al reino del cual procede, y al que regresa tras ser extranjera en la tierra («Todos somos extranjeros,/ matekos en la Tierra, Imgmar./ Desterrados que mueren solos,/ sin nadie que nos cierre los ojos// Muertos en tierras ajenas,/ ningún dios nos reconocerá/ y habremos de seguir,/ siendo extranjeros en el más allá,/ acostumbrados al exilio eterno/ de nosotros mismos y de los demás»).

Narval (De Bizancio a Thule, a. 600. cl. C.) ha sido editado en Gran Bretaña (Amazon.co.uk, Litd., Marstan Gate, 2015); su autor, Santiago Delgado, ha creado una novela que nos lleva, en singladura rica en datos, nombres, situaciones que a veces nos parecen soñadas, desde Bizancio a la antigua Islandia, Thule para los clásicos cartógrafos. La acción ocurre al comienzo del siglo VI de nuestra Era.

Santiago Delgado es un concienzudo escritor de relato histórico, documentado al estilo flaubertiano, pero que, enseguida, le concede libres alas a la narración, cual hace un poeta como es él mismo; historiador y poeta (como Constantino Cavafis, sin duda) al modo de los mejores poetas, que se mueven entre el sueño y lo vivido.

La cantidad de seres y lugares de Narval está en la tradición de los clásicos griegos y latinos. Buen lector de Homero, Virgilio, Herodoto, Apolonio de Rodas… y tantos otros, Santiago también nos evoca lecturas de juventud, entre las mejores, los libros dedicados al periplo bizantino del finés Mika Waltari; Marcos podría ser el Miguel del autor de El etrusco, El inmortal, o el más conocido de sus libros, Sinuhé el Egipcio, y la aventura del Marcos delgadiano se muestra paralela de la del más remoto héroe conocido cuyas proezas constan en clave escrita: Gilgamesh.

Numerosas tierras conoce Marcos de Constantinopla —de «melena, como la de Alejandro, le habían dicho, sólo que azabache con apenas algunas canas dispersas»—, en sus desplazamientos por mar y tierra, desde el Egeo a Sicilia e Hispania; de Cartago, la africana, a Cartagonova, la de enfrente, al otro lado del Meditarráneo… hasta el mar helado, cuyos límites se van haciendo improbables e ilusorios.

¿Logra su cometido este Odiseo cristiano? El narval de Santiago Delgado, como la ballena blanca de Herman Melville, es un símbolo, aunque no de la naturaleza desatada, sino de una búsqueda del ideal, un grial que enlaza el alma con la naturaleza madre, el mar misterioso con el cielo luminoso, la mortalidad con el ansia de eternidad humanas.

La lectura de Narval es un retorno al deleite de nuestras primeras lecturas de infancia y luego de la adolescencia. Por ejemplo, casi escogida al azar, leemos esta parte, XIX El poeta: «Guiados por las luces, tenues y leves, de Mithymna de Lesbos y las constelaciones que divisó Puzzo encima de la isla, navegamos durante toda la noche…» (pág. 83).

Narval está en la tradición de la novela histórica, pero también en lo que una vez llamé ‘clio-ficción’. Está francamente bien escrita y posee una ajustada imaginación. Gracias, Santiago, y enhorabuena.

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