Un reto a la fatalidad

paisajeEn algunos momentos el destino reparte una mano con muy malas cartas, pero a veces, sin ir de farol, puedes tener la oportunidad no sólo de sobrevivir a una adversidad que parece escrita, sino de convertirte en ganador de la partida.

Precisamente esto es lo que le sucede a Vitor Flanagan, el protagonista de La desaparición del paisaje de Maximiliano Barrientos, que consigue salir victorioso pese a los sentimientos de culpa y de sus genes.

Aunque huye de Santa Cruz para evitar caer en los mismos bajos instintos que su progenitor, Flanagan regresa a su ciudad natal para ajustar cuentas con el pasado, con su familia —al menos la que aún no ha sucumbido a los devastadores efectos del alcoholismo— y con Laura, su amor de juventud.

Su retorno se ve marcado por las pesadas deudas emocionales que arrastra y por la certeza de que, aunque pasen los años, hay cosas, momentos y personas que permanecen inalterables. Su ansia de redención lo salva de un destino inevitable, y también las mujeres, los dos amores que vieron más allá de su nefasta estrella: «Heredamos el rostro del padre y lo consumimos en años alocados cargados de reviente.

A veces una mujer reconoce algo no mancillado en nuestros ojos, en gestos que no controlamos  y que se preservan como un legado. Cuando tenemos suerte, esa mujer le habla a nuestro padre utilizando los cables invisibles del cerebro. Su voz atraviesa la espesa membrana de la experiencia, la frialdad de los fantasmas y de los errores, la cartografía de las pérdidas y del delirio. Su voz encuentra un animal extinto preservado en el hielo».

Con un lenguaje directo y concreto, exento de sentimentalismos, el escritor boliviano narra una historia –mediante una estructura temporal en la que alterna pasado y presente- donde la violencia, el alcohol y las venganzas se erigen en los verdaderos actores de esta novela.

La maestría de Barrientos en La desaparición del paisaje, editado por Periférica, reside en apostar por un estilo narrativo caracterizado por el desapego al texto que escribe, sin concesiones al afecto. A pesar de que sus líneas ahondan en lo más profundo del ser humano sitúa a sus personajes en un escenario duro y hostil, donde el paso de tiempo juega en contra y donde solamente la capacidad para sobreponerse al pasado se convierte en garantía de supervivencia.

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