Baby, I am spy

downloadedfileBaby I, Am Spy cantaba una rubia, sin el menor recato, en un cabaret de Estambul, repleto de agentes secretos, militares, diplomáticos, traficantes de armas, putas y aventureros, durante las noches intensas de la II Guerra Mundial. Entre el humo y el aroma  del alcohol de aquel establecimiento, se confundían los tipos del MI6 británico, los germanos de la Abwehr, los soviéticos de la NKVD  y el mismísimo Von Papen, cuya esposa, si no le acompañaba con un trago largo de whisky, es porque estaba contándole sus cuitas a su confesor, un tal Ángelo Giuseppe Roncalli —el futuro papa Juan XXIII— que, tras su mirífico aspecto, jugaba a dos bandas y pasaba información a los aliados.

Esto que acabo de relatarles forma parte del ambiente del último libro de Ben Macintyre, Un espía entre amigos (Crítica, 2015) en torno a Kim Philby, uno de los cinco espías que, formados en la universidad de Cambridge, instalados en los círculos más altos del servicio de inteligencia inglés —El MI5 y el MI6— pasaron información a la Unión Soviética entre 1935 y 1960, aproximadamente. Pero no es el único escenario de este relato biográfico: Londres con sus exquisitos clubes, sus estirados caballeros amantes del cricket y de empinar el codo, Viena, tan oscura como en El tercer hombre, Beirut, bajo la máscara de Dimitros, Washington, asistiendo a los primeros balbuceos de la CIA, desfilan con sus trastiendas de secretos y misterios a la hora de contar la vida peligrosa e itinerante de Kim Philby —el más dandy, encantador, borracho e inteligente de los espías—, los pormenores de su traición y la entrañable amistad que mantuvo con otra lumbrera del espionaje: Nicholas  Elliot. Un escenario mundial para un drama shakesperiano en torno al dilema de la lealtad con uno mismo o con la política de su país.

La literatura en torno a los espías, un género que se inspira en la guerra sucia y subterránea que entablan los Gobiernos para defender aquellos intereses que mancillarían la política, suele tratar de explicar los oscuros mecanismos que conducen al trasiego de la más secreta información. Una explicación que se sumerge en la maraña de embustes, disimulos y dobleces que constituyen la esencia del espionaje. Cuando esta literatura, con sus licencias, se inspira en la realidad, resulta casi un milagro, no caer en el enredo que la origina convirtiéndose en una escritura plagada de dificultades que propone, a su vez, notables exigencias al lector. La saga de John Le Carré en torno al agente Smiley, al igual que alguna novela de Graham Green, son claros ejemplos de lo que apuntamos.

Tanto Le Carré como Green sabían de lo que hablaban: ambos fueron agentes vinculados al MI5 y MI6. Por estas razones contar la verdadera historia de Kim Philby, sin dejarse atrapar por el laberinto, tiene un mérito enorme. Ben Macintyre, periodista y escritor experto en estos temas, ha escrito un libro como el que dispara una bala con un rifle automático y mira telescópica: directo al blanco. Y se lee como si uno fuese sentado, a horcajadas, sobre el proyectil; con la misma sensación de vértigo y el aliento contenido, camino de un final que, no por conocido, deja de tener la incertidumbre y el suspense de una existencia siempre al borde del abismo.

Sin embargo lo mejor de esta estupenda biografía no es su claridad expositiva a la hora de desenredar la madeja curricular de un agente doble: es meterse en su cabeza, en sus sentimientos, en su ambiente, en la relación con sus amigos, fieles a la patria, y el trato con sus colegas, aquellos compañeros de la universidad de Cambridge que eligieron la traición por su fidelidad al comunismo. Un asunto plagado de complejidades y que el propio Le Carré, autor del epilogo del libro, amigo que fue de Philby, trata de plantear con una cita del norteamericano Mike Tyson, el campeón mundial de boxeo: «Dios mío, más valdría ser un falso alguien que un verdadero don nadie».

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *