Cuadros de una expo

Si hubiera que destacar una de las características más importantes del pensamiento moderno tal vez deberíamos inclinarnos por elegir la curiosidad. La curiosidad debería ser materia de  cultivo obligatorio en los planes de estudio, sin pretender que nos lleve de manera directa a la adquisición de conocimientos de utilidad inmediata; sólo por satisfacer el interés intelectual y  por contribuir al bienestar humano. La pintura, la literatura y la música no figurarán, para la mayoría, entre los conocimientos llamados ‘útiles’ pero hacen el mundo más habitable para los iniciados en ellos.

Cuadros de una exposición de Kalandraka intenta despertar la curiosidad del lector infantil y juvenil por estos conocimientos e iniciarlo en ellos. Utiliza el formato libro, de sobra conocido por los niños, para llevarlos del lenguaje literario al lenguaje pictórico y al lenguaje musical.

Ocazul  es una oca joven que todos los días pasa, de camino al prado donde pasta con sus compañeras, por delante del museo de San Petersburgo. Un día empujada por la curiosidad se adentra en el museo hasta la Sala de Exposiciones donde se queda extasiada ante los cuadros que allí se exponen; su imaginación hace que se introduzca en cada uno de ellos y que  las imágenes de los cuadros cobren vida por un momento. A ello contribuye  la suite de Mussorgsky que dibuja con música cada uno de las pinturas de la muestra.

Modest Mussorgsky (1830-1881) compuso la suite Cuadros de una exposición como homenaje a su amigo Victor Hartmann que había fallecido recientemente y del que se organizó en San Petersburgo una exposición de parte de su obra pictórica. La visita a esta muestra le inspiró una suite de diez ilustraciones  engarzadas por el hilo conductor del paseo, el deambular de cuadro a cuadro del espectador de la exposición, como melodía que reaparece entre pieza y pieza y que contribuye a la unidad de la obra. La música de Mussorgsky en esta colección es tremendamente descriptiva, pintoresca y misteriosa y nos lleva, como a la oca protagonista  de este libro, a introducirnos en cada uno de los cuadros que componen la exposición.

Este libro-disco es una obra colectiva. Las ilustraciones de Xosé Cobas, que reinterpreta los cuadros de Hartmann, complementan perfectamente a la música. Son ilustraciones de colores suaves, elegantes, detallistas en las que corresponden a la representación del museo y de los cuadros y casi abstractas cuando ilustran el paseo que Mussorgsky intercala entre pieza y pieza. El texto de José Antonio Abad, que crea un relato que conecta con los cuentos clásicos protagonizados por animales, se une a las ilustraciones para introducir al lector en la música del compositor ruso interpretada aquí por Giusseppe Sinopoli al frente de la New York Philarmonic Orchestra.

Cuadros de una Exposición no es sólo un relato; tampoco es sólo un álbum o sólo un disco pero es cada una de estas tres cosas. Todo gira alrededor de la música de Mussorgsky  para dar cuerpo a un volumen que enseña, entre otras muchas cosas,  que la visita a un museo puede ser divertida, que basta la imaginación para que unos cuadros dejen de ser estáticas representaciones de un momento o para que una obra musical deje de  ser sólo un conjunto de notas más o menos armónicas y se conviertan ambos en otra cosa: en algo de ese conocimiento que no se considera tan ‘útil’ como otros pero que procura minutos de felicidad.
Ojalá que estas líneas hayan despertado  su curiosidad por conocer esta obra.

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