Desnudos

Llamo yo así, desde la eternidad de hace algunos minutos de pensar en ello, a los libros sin lomo. Fundamentalmente son los encuadernados en rústica, que pierden el lateral del perfil contrario al de las páginas. El tiempo es lúbrico y salaz con ellos, y acaba desnudando a los ejemplares apropiados para ello. Pero también desnuda a los de pasta dura. La pasta también es débil, como la carne misma, y acaba resquebrajándose y rajándose longitudinalmente hasta abajo. Los de encuadernación rústica dejan ver el esqueleto de los cuadernillos cosidos horizontalmente en periodicidad espacial de arriba hasta abajo. Yo tengo varios libros así. Los encuadernadores solucionaban eso. Pero los sueldos normales de hoy no están para encuadernadores. Había artistas de la encuadernación. Y algunos eran verdaderos virtuosos de la encuadernación. Incluso como hobby lo tenían gentes de bien. Los encuadernadores son y eran como los modistos que arreglaban ropa vieja, aquéllos que le daban la vuelta a una chaqueta o metían o sacaban dobladillo de los pantalones. Ah… la costumbre aquélla de heredar la ropa de los hermanos menores. Los libros sin lomo son como las pobres gentes de un campo de concentración, a la que se les ha robado la personalidad humana propia. Encuadernemos esos libros, por Dios.

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