Divertimento berlanguiano

garcia_jambrinaLos americanos pasaron de largo, y los vecinos de Villar del Río, con su voluntarioso alcalde al frente, se quedaron con un palmo de narices. Casi una vida después, sus vecinos de Villar del Campo volverán a intentarlo. Pero esta vez el objetivo no serán los yanquis sino la todopoderosa canciller alemana, Angela Merkel. Y en esta ocasión, los lugareños no están dispuestos a que se les escape la presa.Si en 1953 Luis García Berlanga sorprendía a la parroquia con su memorable película Bienvenido, Mr Marshall, una divertida y ácida crítica a la España franquista, hábilmente envuelta en ternura, ingenuidad y costumbrismo para despistar a la censura, ahora es el novelista Luis García Jambrina quien regresa a las planicies manchegas para llegar adonde su tocayo no quiso o no pudo, con un relato delirante y gamberro que demuestra que el tiempo puede haber cambiado los escenarios y las formas, pero no la esencia de esa España cautiva de sus más arraigados atavismos.

El ayuntamiento de Villar del Campo está a punto de quebrar endeudado hasta las cejas. Víctima de la fantasía inmobiliaria que hechizó a los españoles, ahora no tiene ni para pagar el alumbrado público. Germán, su alcalde, ejemplo de versatilidad política, se propone solucionar el problema con un proyecto revolucionario: convertir Villar del Campo en un perfecto pueblo alemán, y aprovechar que Merkel pasará por allí camino de una cumbre internacional que se celebrará en Toledo, para pedirle ayuda. Para ello recurre a Petra Müller, una artista plástica en horas bajas que en su día decidió cambiar su Renania natal por La Mancha, aprovechando que se había convertido en la musa de las instituciones públicas que financiaban sus locos proyectos artísticos sin hacer demasiadas e incómodas preguntas.

Entre ambos convencen a las fuerzas vivas del pueblo para emprender el extravagante proyecto, pero las cosas se tuercen cuando la Delegación del Gobierno sospecha que algo se cuece en esa apartada y olvidada villa manchega. Hasta allí viaja un joven político en busca de respuestas, pero lejos de hallarlas desatará con su actitud la locura colectiva de la comunidad. La aparición de antiguo tesoro escondido bajo las ruinas de un castillo medieval, y la obstinada actitud del líder de la oposición municipal, empeñado en evitar la invasión teutona, contribuirán a complicar la situación hasta extremos delirantes, cuyo apogeo se alcanza con la declaración de independencia del pueblo, alcanzando así una inesperada notoriedad planetaria.

García Jambrina estira su presupuesto berlanguiano hasta extremos disparatados, retorciendo una ficción que adquiere sin embargo un curioso realismo. Es la quintaesencia del esperpento, la deformación de una realidad que sólo habita en la ilusión, pero que extraída de su contexto quimérico adquiere una inquietante verosimilitud al expresar una voluntad latente sólo contenida por meras formalidades.

El escritor zamorano recurre a la sátira para demostrar que cuando no hay nada que perder, cualquier cosa es posible por disparatada que sea. Así mismo, y como ya hiciera en su día Berlanga, emplea el ingenio creativo para ajustar cuentas con la realidad social y política de un país que se resiste a despojarse de sus lastres, desvelando con humor sus más íntimas vergüenzas. Consigue con ello fijar una imagen certera de esa España cotidiana que muchos se empeñan en ocultar, pero que marca inexorablemente el ritmo de una realidad contumaz.

Escrita con brío, Bienvenida, frau Merkel es una novela que transmite sensaciones contradictorias, pues si bien es cierto que se lee con una sonrisa en la boca, no lo es menos que deja un regusto amargo al comprobar que esos rasgos que alimentan la parodia no dejan de ser los que nos caracterizan. España es así y no tiene remedio, parece ser el mensaje que Jambrina quiere trasladar al lector. Y si bien el relato carece de intención pedagógica, es inevitable pensar en lo mucho que aún queda por hacer así como en la futilidad del tiempo.

Y de ese modo, lo que no sería más que un divertimento literario, se convierte en una amarga caricatura de esa España que muchos se empeñan en que no cambie. Lo cual convierte a esta novela en una lectura sorprendente por reveladora, así como en un ejemplo de esa arraigada capacidad de los españoles de reírnos de nosotros mismos, algo que al fin y al cabo no deja de ser un rasgo de distinción saludable.

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