El pasado de Le Corbusier

Dos libros aparecidos ahora, al cumplirse los cincuenta años de su muerte de Le Corbusier, se muestran críticos con la conducta del arquitecto. Mientras en el Centro Pompidou, una gran retrospectiva lo presenta como un visionario que cambió nuestra forma de vivir y abrió las puertas a una arquitectura humana, Un Corbusier, de François Chaslin, y Le Corbusier, un fascisme français, del periodista Xavier de Jarcy, le acusan de antisemitismo y de haber colaborado con el régimen de  Vichy, para el que llegaría a trabajar. Según sostienen estos autores, Le Corbusier no fue un simple compañero de viaje, sino que habría actuado una manera deliberada con el único objetivo de construir su obra.
Pretendemos que un gran artista sea también un honesto ciudadano, pero ninguna ley obliga a ello. Celine o Pierre Drieu La Rochelle son casos de sobra conocidos. La actitud reprobable del doctor Destouches, ¿rebaja en algo la calidad literaria del Viaje al fin de la noche? Apliquemos lo mismo a Le Corbusier.

Aunque todo cuanto se dice de él sea cierto —y todo indica que lo es— ¿afecta en algo a la calidad de su arquitectura? ¿Deberíamos contemplarla con ojos diferentes? Es probable que jamás hubiéramos invitado a Caravaggio a nuestra mesa, pero su conducta no impide que lo consideremos un grandísimo pintor.
No es por sus ideas políticas por lo que admiramos a Le Corbusier, sino porque su arquitectura nos enseñó otra forma de habitar.

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *