Las rutinas de los superhéroes

Locas.
Desde hace más de treinta años Jaime Hernández viene desarrollado una de las historias ríos más longevas de la historia del cómic. Locas es la historia de varios personajes que van creciendo en vivencias y edad, que se van cruzando, que desaparecen en unos relatos y son cruciales en otros, todo ello desde el factor más humano en el que los sentimientos lo son todo como la propia vida diaria. Chapuzas de amor es el último libro, editado por La Cúpula como el resto de la serie, y esbozar una sinopsis simple es muy difícil porque Hernández, un gran narrador de historias que retratan los recovecos del alma humana, es capaz de realizar un relato que en apariencia simple esconde todo un universo de subtramas entrecruzadas y flash backs que amplían la dimensión de nuestros queridos personajes. Retomemos, una vez más, las peripecias de esa loca rutina vital de, en este caso, la ‘madurita’ y rolliza Maggie, a la que se le presenta un nuevo amor y, ella solo es capaz de poner un muro de inseguridad como una tierna adolescente. Una historia conmovedora con gotitas de ternura, sexo y algo de crueldad que hacen de Hernández uno de los más grandes narradores internacionales que es capaz de, con barro, hacer exquisitas piezas de orfebrería.

Empanados.
Hay series y autores que llegan con el éxito bajo el brazo sin apenas gran trayectoria ni grandes hazañas. Este es el caso de la alicantina Ana Oncina, quiEn acaba de ver editado el segundo libro de Croqueta y Empanadilla, de la mano de Ediciones La Cúpula. El éxito del primer volumen motivó la publicación, la navidad pasada, de una pequeña publicación en la que los personajes vivían aquellas entrañables fiestas, ahora, un año después, regresan con la misma fuerza y formato que en la primera entrega. Pequeñas historias en clave de humor y cargadas de ternura es la tarjeta de presentación de esta curiosa pareja formada por dos seres antropomórficos muy especiales moviéndose a sus anchas en un mundo de humanos. Las vivencias aquí narradas son tan rutinarias y cotidianas como las que podríamos vivir cualquiera de nosotros, salvo que Oncina les da su toque personal y a lomos de sus personajillos los convierte en momentos deliciosos y divertidos.

De la nada.
Norma Editorial inicia la edición de una nueva serie americana en sendos volúmenes recopilatorios: Nowhere Men. Se trata de una vuelta de tuerca del género de los superhéroes combinado con gran dosis de ciencia ficción, ya que la experimentación genética es clave en el origen y desarrollo de los personajes que confluyen en esta saga. Eric Stephenson idea una compleja historia dibujada por Nate Bellegarde en la que se presenta el pasado de un grupo de cuatro científicos muy adelantados quienes fueron consagrados como si de fulgurantes estrellas de rock se tratara. Las distensiones y recelos entre ellos les llevarían a disolverse con el paso del tiempo, aunque, en la sombra, crearon los mecanismos y escenarios para darles a la raza humana el salto evolutivo controlado. Encerrados en un satélite orbital, el grupo de humanos ‘mejorados’, seres sin patria, diferentes al resto de la humanidad, toman conciencia de su entorno y consiguen regresar al planeta en el momento que comienzan brutales cambios en su fisonomía. Perseguidos por todos, los nowhere men, presentaran lógica batalla por su libertad, en una historia llena de intriga, misterio y mucha ciencia cuyo final queda abierto a una segunda entrega que, en América, aun ni ha empezado por lo que la edición de Norma supone un riesgo de olvido a la hora de editar esa futura continuación. Dosificada como si se tratara de episodios de una serie televisiva en la que la acción tiene sus tiempos muy marcados y en la que los diálogos e interactuación de los personajes resulta su principal valía, Nowhere Men, brilla intensamente con luz propia muy por encima de otras series lo que la hace enormemente atractiva.
Origen.
En los setenta Marvel Comics creó nuevas ofertas de héroes para ampliar su popular cuadra, una de ellas se inició de manera bastante tímida aunque escogiendo a personajes ya señeros de gran trayectoria y fama. Hulk, Namor, Doctor Extraño y Silver Surfer fueron los elegidos para ser llamados Los Defensores, un no grupo, como fue siempre calificado en el que los componentes entraban y salían dependiendo de la aventura a embarcarse. Panini Comics continúa la edición de esta clásica serie en cuidados volúmenes aperiódicos que llega a su quinta aparición, aunque, realmente, se trate de la primera. Quedaban por contar las historias iniciales del grupo, el origen con sus primeros escarceos y los motivos por los que llegarían a tener entidad y base propia. Estas fueron desarrolladas sutilmente en los propios títulos de los protagonistas, hasta que su creador, Roy Thomas, recibió el primer espaldarazo y le fue ofrecido una nueva cabecera: Marvel Feature, donde iniciar el proyecto que llevaba introduciendo en todas las series que escribía. Gene Colan, Don Heck, Sal Buscema, Herb Trimpe o Bill Everett son algunos de los primeros maestros gráficos que ofrecerían su granito artístico para que Los Defensores tuvieran su espacio en el panteón Marvel. Más allá de las peleas por defender al mundo de amenazas de diversos villanos, el leitmotiv que les hizo especiales fue, como comentaba, ese aspecto de ser un grupo poco homogéneo que se reunían, muy a su pesar, para realizar una heroica tarea. Sus caracteres dispares, hosco en algún caso, beligerante o desconfiado en otros los definía como héroes no como compañeros de batalla. Mucho cambiarían las cosas en el futuro del no grupo pero, en las historias aquí reunidas, a su pesar, Los Defensores nacieron como una fuerza arrolladora con ánimo de triunfar y quedarse

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