Max Aub, crímenes en rojo y negro

«Lo maté por idiota, por mal pensado, por tonto, por cerrado, por necio, por mentecato, por hipócrita, por guaje, por memo, por farsante, por jesuita, a escoger.

Una cosa es verdad: no dos». Cuando los microrrelatos no eran tendencia y Twitter no ponía puertas al campo, el eterno exiliado Max Aub ya practicaba la condensación expresiva. Y con los rasgos de toda su vida literaria: mucho humor negro, mucha ironía. Eran los años 50 y era México. Y Max Aub (París, 1903 – México DF, 1972) escribía sus Crímenes ejemplares en cualquier trozo de papel, en cualquier momento.

Ediciones ha habido unas cuantas. La que ahora aporta Libros del Zorro Rojo tiene de especial las ilustraciones poderosas del dibujante argentino Liniers (Ricardo Siri). Todas en negro y rojo. Sin más. «Un libro binario», explica el ilustrador. «Víctimas y victimarios». No hay más.

Aub, el ciudadano del mundo que nació en París de padre alemán, fue valenciano porque aquí fue bachiller y murió en México, tiene la virtud de los clásicos: suena moderno, por muchos años que pasen. Hagan la prueba, si les parece, con estos Crímenes ejemplares, esta manera tan poco moralista de reflejar la estupidez de la violencia.

La edición que presentan los del Zorro Rojo no busca ser completa. Dicen que Aub tampoco lo pretendió nunca. La caja de relatos siempre estuvo abierta.
«¿Ustedes no han tenido nunca ganas de asesinar a un vendedor de lotería, cuando se ponen pesados, pegajosos, suplicantes? Yo lo hice en nombre de todos». Otra perla ejemplarmente criminal.

Eso piensa Liniers, que no conocía a Max Aub antes de ilustrar sus relatos, pero que sueña en clave de humor negro. Como el escritor. «Manchar de sangre un libro entero y divertirse con sana malicia». Eso dice que ha hecho.

El humor y la ironía son los motivos también por los que Libros del Zorro Rojo escogió estos relatos breves de Aub para darles nueva vida. Eso dice el responsable de la editorial, Alberto Sotelo. También es una forma ejemplar de situar al ilustre valenciano —el hombre del gobierno de la II República que pagó el Guernica a Picasso (150.000 francos)— como «pieza fundamental en la literatura hispanoamericana». Por si quedaban dudas.

Y es también una reivindicación de su estilo ‘único’, su peculiar manera de ‘adoptar’ el castellano y de no perder la capacidad de la ironía ni en los peores momentos. Ese es Aub, según Sotelo. También un adelantado a la hora de romper fronteras entre realidad y ficción: el hacedor de Jusep Torres Campalans, artista tan soberbio que bien podría haber sido real.

Liniers suele manejar plumas y acuarelas en las tiras de Macanudo que publica desde 2002 en La Nación de Argentina. Para los Crímenes ejemplares, cambió de procedimiento, cuenta. Se pasó a pinceles y tintas. Pero pocas: rojo y negro. La elección otorga potencia y cierto salvajismo a la expresión sin mordazas del escritor educado en Valencia. El que redacta «matar, matar sin compasión para seguir adelante, para allanar el camino […]». El escritor que vio tanta sangre de la guerra. En fin, que de Max Aub «no se ríe nadie. O por lo menos ese ya no».

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *