Orson Welles, como gato panza arriba

orsonQuien haya visto la serie de televisión Los Soprano, recordará seguramente a aquel psiquiatra circunspecto e incisivo que intentaba salvar de la locura a la colega que trataba al mafioso Tony Soprano. El papel lo interpretaba Peter Bogdanovich, director de cine que alcanzó el éxito en los años setenta con películas inolvidables como The last picture show, What’s up, doc? y Paper moon, y que luego se eclipsó víctima de una serie de fracasos profesionales y personales.

quella efímera fama oscureció además su faceta como eficiente cinefilo, fruto de la cual destacan las monografías sobre John Ford y Fritz Lang, la enciclopédica colección de entrevistas reunidas en El director es la estrella y, por supuesto, este Ciudadano Welles, que reúne el contenido de las conversaciones que mantuvieron ambos cineastas entre 1969 y 1972.

Más allá de la enorme cantidad de información interesante que contiene este libro, lo que más llama la atención es la naturalidad con que se desenvuelven ambos interlocutores, sobre todo cuando Welles se muestra escurridizo e irritado ante la insistencia de Bogdanovich cuando aborda algunos asuntos que le resultan especialmente incómodos o dolorosos, como el de los problemas que le acarreó la película que más fama le proporcionó, Ciudadano Kane, o las durísimas críticas que recibió por embarcarse en la filmación de It’s all true, o los frecuentes desencuentros con los directivos de Hollywood. Son momentos en los que aflora la hiperbólica personalidad de Welles, y en los que aparece como ese genio transgresor y visionario que legó algunas de las obras más impresionantes del cine.

Bogdanovich se emplea a fondo para romper el hermetismo de Welles y extraer la mayor información posible. Y para ello emplea un método terapéutico que demuestra sus dotes de entrevistador eficiente. Sin embargo, frente a él se encuentra un espíritu ciclópeo que sabe mantener sus secretos a buen recaudo. Por eso nunca sabremos cuál es la información que hubiera impedido que William Randolph Hearst le hiciera la vida imposible tras el rodaje de Ciudadano Kane, que Welles nunca quiso utilizar.

A pesar de la empatía que reina en las conversaciones, es Welles quien marca las fronteras de la información, aunque en ocasiones no puede evitar un estallido emocional al recordar su impotencia ante la imposiciones contractuales que le obligaron a alterar películas como El cuarto mandamiento o La dama de Shangái. Especialmente intenso es el relato del proceso de montaje de la primera de esas películas, con un desenlace de emotividad desgarradora que muestra a Welles en su aspecto más humano y vulnerable.

Bogdanovich induce a Welles a analizar sus éxitos y a enfrentarse a sus fracasos. A expresar sus impresiones sobre la esencia del cine, tanto en su aspecto técnico como en los estrictamente creativos. Pero también contribuye a humanizar al mito, mostrando sus debilidades y pasiones, trascendiendo la imagen transgresora y excéntrica del polifacético artista. Sin ser complaciente, Bogdanovich ofrece a Welles una oportunidad para iluminar sus rincones oscuros y despejar las dudas que han vertido sus detractores. Y si bien ese método convierte el relato en una especie de testimonio de descargo, el conjunto no puede estar más alejado del panegírico, en tanto que ninguno elude el peso de los errores y las decepciones.

El resultado es una lectura absorbente que muestra la mejor y más completa visión de la trayectoria profesional de Orson Welles, y que induce a una revisión de sus películas desde una nueva y fascinante perspectiva.

Una obra que, no obstante, estuvo a punto de no ver la luz. Tras una serie de peripecias novelescas, Oja Kodar, amiga y colaboradora de Welles, envió todo el material al editor Jonathan Rosenbaum para que lo ordenara e intentara publicarlo. El libro se publicó en 1992, convirtiéndose de inmediato en el gran referente sobre la vida y obra de Welles. La labor de Rosenbaum es encomiable, pues además de la transcripción de las conversaciones, añade las notas de contexto redactadas por Bogdanovich y las suyas propias, con las que aclara algunos de los contenidos y aporta un buen número de referencias bibliográficas que enriquecen la información, aumentando el placer de su lectura.

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