Sánchez Avilés, la gran feria de los horrores

dscf3677»¡Ah, el horror! ¡El horror!». La realidad ha convertido las últimas palabras del moribundo Kurtz en un terrible presagio. Quizá Joseph Conrad no imaginara, cuando escribió El corazón de las tinieblas, las consecuencias que acarrearía al mundo entero esa civilización impuesta a sangre y fuego por los colonizadores en buena parte del planeta. Hoy, el joven y circunspecto Marlow se escandalizaría al contemplar el fruto de aquella codicia. El horror se ha extendido como una plaga, y ya nadie está a salvo de él. Al contrario, es un activo valioso que permite alcanzar la riqueza comerciando con la muerte.

Alcanzar a entender la dimensión de ese mercado de los horrores es el objetivo de este ensayo colectivo, dirigido por la murciana Constanza Sánchez Avilés, doctora en Relaciones Internacionales por la Universitat Pompeu Fabra y coordinadora del área de Leyes, Políticas y Derechos Humanos en el ICEERS (International Center for Ethnobotanical Education Research & Service), y Josep Ibáñez, profesor titular de Relaciones Internacionales en la misma universidad. Al frente de un equipo internacional de especialistas en la materia, han elaborado una lúcida e impactante guía de esos horrores que dominan el mundo en la actualidad.

La obra, titulada Mercados ilegales y violencia armada, fue presentada por Sánchez Avilés el pasado jueves en la librería Educania, de Murcia. La autora estuvo acompañada por el periodista Ángel Montiel ante una nutrida audiencia.

El ensayo se estructura en nueve capítulos más una introducción y un epílogo de conclusiones, en los que sus autores analizan las relaciones entre la criminalidad organizada y los conflictos internacionales, desde diferentes perspectivas que van de la visión general del asunto a los análisis pormenorizados de casos localizados en México, Colombia, Afganistán, Somalia, la región del Sahel, los territorios diamantíferos de África o los Balcanes.

Toda la información recopilada en este ensayo constituye un documento revelador y valiente, que descubre al lector muchas de las razones que explican no sólo los conflictos que afligen a las zonas más deprimidas del planeta, sino también el origen de una serie de problemas que afectan directamente a los países desarrollados, tales como la inmigración ilegal, la trata de seres humanos, el comercio de armas o el tráfico de drogas.

Asuntos que están a la orden del día y que determinan en muchas ocasiones tanto la estabilidad de los países acomodados, sin que la opinión pública sepa muy bien cuál es su origen, y quien está detrás de ellos.

Profusamente documentado con datos oficiales y con una extensa bibliografia, el trabajo de estos especialistas se revela demoledor. Conocer con ese detalle la dimensión de los conflictos y su relación con los mercados internacionales es una experiencia abrumadora que logra estremecer.

Tan impactante es el asunto tratado en estas páginas que el lector es capaz de trascender el estilo científico y, en ocasiones, academicista que emplean sus autores. Gracias a sus investigaciones es posible calibrar la vulnerabilidad de las sociedades actuales, lo cual infunde un cáracter desasosegante a su lectura, la cual, sin embargo, es tan apasionante que resulta difícil abandonarla hasta conocer el desenlace de las diferentes historias que aquí se narran.

Pero lo más inquietante es que no estamos ante un ejercicio de ficción, aunque a veces lo parezca o se quiera que sea así. Lo visto mil veces en el cine o leído en novelas de acción o denuncia, adquiere en las páginas de este ensayo una ominosa naturalidad: es la realidad la que impacta en los sentidos.

Sin ser esa la intención de los autores, sus trabajos ejercen asimismo un efecto conmovedor sobre el lector, quien asiste estupefacto ante una sucesión de situaciones que cuestionan en muchos casos la propia humanidad. La obra adquiere así un carácter reivindicativo con el que los autores pretenden llamar la atención del poder institucional, para que afronte el problema desde una perspectiva política, evitando en todo momento criminalizar a las víctimas y yendo al fondo de la cuestión, en busca de los responsables de semejante disparate. De esa forma, la obra dirigida por Sánchez Avilés se convierte en un documento de primer orden, no sólo para conocer la realidad del conflicto general, sino para tomar conciencia de la necesidad de afrontarlo desde la convicción de que supone un drama humanitario que es preciso resolver cuanto antes y con todos los medios posibles.

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