Tormento por la gracia de Dios

Esta novela habría desatado un escándalo hace unos años, pero en los tiempos que corren ya no sorprende a nadie, aunque sí logra remover la conciencia por el simple motivo de abordar una realidad tan luctuosa como inquietante: los abusos a menores en el seno de la Iglesia católica.

El bostoniano Brendan Kiely ha elegido un asunto delicado para su primera novela, tanto por su siginificado como por el riesgo de incurrir en convencionalismos no siempre enriquecedores, cuando se trata de abordarlo desde la ficción literaria. Sin embargo, logra salir airoso del desafío con un relato contundente pero a la vez sutil y original, pues trasciende los hechos para explorar las consecuencias, ofreciendo una nueva perspectiva en la prima el efecto psicológico que ejercen los abusos en las víctimas. Asimismo realiza un interesante análisis de la naturaleza de la autoridad y sus efectos sobre las relaciones sociales.

La acción se desarrolla en uno de esos suburbios residenciales de clase alta cercano a Nueva York. Allí vive Aidan Donovan, un joven de 16 años que sufre las consecuencias de la ruptura matrimonial de sus padres, refugiado en la iglesia de la comunidad, donde realiza trabajos sociales bajo la atenta dirección del padre Greg, un sacerdote que ejerce un poderoso influjo sobre el muchacho al haberle proporcionado la comprensión que no encuentra en su madre.

Aidan se siente protegido junto al sacerdote, en quien halla consuelo para sus desdichas. Pero dos sucesos alterarán la rutina y provocarán en Aidan un terrible conflicto emocional, que le conducirá a enfrentarse a sus propios demonios. La atención que el padre Greg dispensa a un joven recién llegado a la rectoría confunde a Aidan, quien busca alivio en uno de sus compañeros de clase, el atribulado Mark Kowolski, con quien comparte sin saberlo un terrible secreto.
En uno de sus intentos por recuperar la atención del sacerdote, el protagonista se enfrenta de repente con sus más sórdidos recuerdos. Oculto en el sótano de la rectoría, Aidan contempla al padre Greg y a su nuevo discípulo en una situación que le es lamentablemente familiar.

Esa escena remueve unos recuerdos que el protagonista se empeña en ocultar, en un ejercicio enfermizo de relativización motivado más por la consideración que le merece la autoridad eclesiástica que por convicciones religiosas. A partir de ese momento, Aidan se enfrenta a un tormentoso conflicto interior que le sumirá en una angustia existencial que le conducirá a un inesperado desenlace.

Kiely narra sin estridencias ese viaje al infierno, en el que el abuso no es más que un catalizador del estallido emocional y las contradicciones a las que se ve sometido el ser humano cuando se ha de enfrentar a sus convicciones. El escritor norteamericano explora los recovecos de la personalidad, sometida al determinismo social y al poderoso influjo de la fe, para ofrecer un relato desasosegante y vigoroso. Con todo ello, El invierno más frío es una lectura sorprendente que anuncia el ingenio y la destreza de un escritor con futuro.

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