Un curioso desafío

bostezar_400Un bostezo es la acción incontrolada de abrir la boca, con separación muy amplia de las mandíbulas, para realizar una inhalación profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final de la apertura bucal. Cuando se bosteza, además, se estiran los músculos faciales, se inclina la cabeza hacia atrás, se cierran o entornan los ojos, se lagrimea, se saliva, se abren las trompas de Eustaquio del oído medio y se realizan muchas otras, aunque imprecisas, acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias».

Curiosa definición que nos aporta la Wikipedia al respecto. Y es que todos hemos pensado alguna vez o muchas el porqué de semejante acción involuntaria pero natural de nuestro cuerpo. Desde un simple indicador de cansancio, al puro estrés, o el mismísimo aburrimiento pueden ser un motivo para bostezar.
Con este libro, Hélène Boudreau desafía a mayores y niños a no bostezar. Lo que pretende es que los más pequeños no se dejen llevar por esta curiosa acción, ya que si sus padres les descubren bostezando, tendrán que ir a la cama automáticamente. Pero resulta que de pronto se encuentran tan tranquilos, sin saber cómo estiran los brazos, abren la boca, la lengua se enrosca, los ojos se llenan de lágrimas y ¡Noooo! ¡Otro bostezo!, cuando quieren darse cuenta se estarán poniendo el pijama un tanto enojados y sin una causa clara.

Para que esto no ocurra, la autora les da una serie de pautas ilustrativas e infalibles; no mirar a ningún ser vivo de los que pueden merodear por la casa a ciertas horas de la noche, tipo: un hermano o hermana mayor, o tal vez menor, un perro, un gato o cualquier mascota de las que suelen enlazar un bostezo con otro y que, además, se recrean en el arte de este solemne ejercicio cuando más calentitos están en sus camas. Y es que los bostezos se contagian como cualquier resfriado. Además, les recomienda alejarse de cualquier objeto que esté relacionado con tejidos pelones, peluches suaves, mantas favoritas que nos acompañan un buen tramo de la infancia o, incluso, alguna que otra mamá irresistible de ser abrazada durante horas o, también, durante un buen periodo de vida. Será necesario evitar todo tipo de canciones sobre ranas y, por supuesto, huir de las clásicas cuentas de ovejas, pues serán fulminantes en este periplo. Por el contrario, si desobedecen estas pautas, irremediablemente los brazos se estirarán, la boca se abrirá de par en par y cuando quieran dar marcha atrás, será demasiado tarde.
En cambio, si por un descuido o un fallo en el control de síntomas naturales del cuerpo se escapa uno, Hélène asegura que lo único que se puede hacer en este caso es tapar con mucha fuerza la boca porque si no el desenlace será irremediable.

Junto a nuestra autora, Serge Bloch da forma y color, con una enorme y sorprendente maestría, a los diferentes personajes, mascotas y objetos que pasean por las páginas de este cuento tan divertido que provocará la risa de los más pequeños y de los adultos. Sus trazos reflejan a la perfección los gestos tan extraños que llegamos a hacer cada vez que nos viene este desenfadado ‘síntoma natural’.

De esta forma, mientras leemos el libro, un bostezo encadenado a otros impide una lectura fluida, aunque las risas harán de esta actividad algo fascinante. Al igual que yo misma he comprobado, mientras escribía estas palabras, los bostezos son incontrolables, se contagian continuamente y no se pueden evitar.
¿Serías capaz de contar las veces que has bostezado mientras leías esto?

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