De Mowgli a Mougli

Confesaba no hace mucho el famoso antropólogo Juan Luis Arsuaga durante una conferencia que uno de los momentos más tristes de su infancia tuvo lugar cuando leyó la siguiente frase: «Y ésta es la última de las historias de Mougli». Esas palabras cerraban el maravilloso ciclo narrativo de El libro de la selva de Rudyard Kipling, o habrá que hablar de Los libros de la selva, puesto que son dos, aunque la primera parte sea la más famosa sobre todo desde la adaptación de Walt Disney de los años 60. Y no hay que olvidar la preciosa película de Hollywood protagonizada por Sabú de 1942.
La editorial Alba acaba de publicar Los libros de la selva en un magnífico volumen, con la traducción de Catalina Martínez Muñoz que, para empezar, habría devuelto la sonrisa al niño Juan Luis Arsuaga porque incluye, tras la frase lapidaria con la que acaba la segunda parte, un apéndice con el cuento En el ruj, que en realidad es anterior a El libro de la selva y constituye la primera aparición de Mougli, aunque adulto; de hecho la edición de Alba recupera la edición conjunta original de 1897 (los dos libros de la selva fueron publicados por separado en 1894 y 1895 respectivamente y En el ruj en 1893 en un libro de cuentos).
Otra peculiaridad de esta nueva traducción son los nombres de los personajes, mejor adaptados al español y así aparece Mougli en lugar del Mowgli inglés, la pantera Baguira y no Bagheera y lo mismo hay que decir del archienemigo del niño criado entre lobos, el tigre Shir Jan (en inglés Shere Khan), el oso Balú (y no Baloo) o la serpiente Ka, que deja de escribirse Kaa.
Nombres aparte, en esta edición permanece la maravillosa cadencia con la que Kipling seduce a los lectores, cuentos espléndidamente bien escritos que parecen tener una música propia, algo que podemos encontrar también en Kim, otra de sus más exóticas y famosas novelas.
En Los libros de la selva, por encima de los peligros que se ciernen contra Mougli y compañía, que son muchos, se palpa la alegría de vivir, un canto literario que Kipling entona muy a menudo a lo largo de su obra y que en esta selva, a pesar de estar poblada de hienas, serpientes, depredadores, cazadores y monos desvergonzados, alcanza la alegre perfección de una sinfonía de Mozart —no por casualidad  el escritor incluye en cada capítulo la letra de una o varias canciones de la selva—.
Pero como saben los lectores de esta doble obra maestra, la selva de Kipling es tan amplia que el protagonismo de Mougli no es absoluto. Así que también hay maravillosos cuentos por los que bucea una foca blanca del Ártico, una mangosta se bate a muerte con dos malignas cobras para salvar la vida de un niño (la simpar Riki-tiki-tavi) o ese cáustico relato en el que un cocodrilo lamenta que desde que pasa el nuevo invento del ferrocarril por el viejo puente no pasa un alma y ya no tiene ni una pierna que llevarse a la boca.
Rudyard Kipling traslada a los animales la complejidad de los seres humanos, sus absurdas reacciones, sin olvidar las ansias de poder y el resultado es brillante y conmovedor pero incluso en los cuentos más lúgubres permanece una tenue alegría. Los dramas shakesperianos y la comicidad de Apuleyo y El asno de oro combinados con las leyendas indias y la hermosa escritura del autor de Kim dan como resultado estos maravillosos libros de la selva

Be Sociable, Share!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *