Intimando con la Historia

Cubierta_Tras las huellas de Herodoto_25mm_300615.inddÉste es un libro que me hubiese gustado escribir o que bien pude llegar a concebir. Me consuela de lo contrario su lectura,  y aprendiendo de él, y también recordando mis propias andaduras por Turquía, corriendo atrás de los años. Tras las huellas de Heródoto. Crónicas de un viaje por Asia Menor (Almuzara, colección Sotavento, 2015), del escritor, periodista e historiador valenciano Antonio Penadés, es un libro sorprendente por lo que contiene de erudición —«sin imponer sus conocimientos», como indica en el prólogo el biógrafo de Aníbal, el gran historiador Gisbert Haefs—. Pero, además, la obra está maravillosamente escrita, algo que a muchos lectores no nos parecerá sorpresa pues Antonio Penadés es el autor, entre otros títulos, del reciente ensayo El declive de Atenas; de una novela, El hombre de Esparta y de otro libro de gran interés como es Cinco miradas sobre la novela histórica, en colaboración.
Tras las huellas de Heródoto ha sido recomendado por mí como libro para este verano, a petición de Verano Domingo, del diario La Verdad. Estoy contento de compartir esta lectura con otros lectores propios, de mis artículos en este diario, La Opinión, y de muchos de mis poemas basados en mi experiencia estética y vital en los lugares y con los habitantes de esa parte del mundo que tanto amo, pues forma el núcleo de pasada juventud errabunda.
No puedo dejar de pensar en el poco entusiasmo de mi relectura de Viajes con Heródoto, del famoso otrora periodista polaco Ryszard Kapuscinski, perfecta y fríamente escrito… Al contrario, todo lo que escribió el sabio y simpático Jacques Lacarrière acerca del ‘padre de la historiografía’ me sigue pareciendo una maravilla, incluso el más académico de toda su obra, el inicial Heródoto y el descubrimiento de la tierra (Espasa y Calpe, 1973), que fue el primero de sus libros que llegó a nuestras manos. El helenista galo sabía interpretar y transmitir sus hallazgos y sacarle el jugo a lo que éstos contenían de vida. Antonio Penadés, ya en la introducción a su obra, pone en situación al lector para guiarle al pasado, que fue presente, tiempo en curso, materia orgánica, vida. «Una tarde de lluvia y frío, una entre muchas que pasé en la biblioteca pública donde estudiaba de joven —tenía entonces diecisiete años—, descubrí este pasaje de la obra de Heródoto, un autor desconocido entonces para mí…». Antonio Penadés se refiere aquí al enfrentamiento entre persas y griegos, en Sardes, Lidia, y al incendio provocado, cuyas «llamas llegaron al templo de la Gran Madre Cibeles, la diosa más venerada por los lidios». La actual Sardes (Sat Mustapha) es un poblado de extraña y activa vida humana, pero cuyos vestigios de su historia monumental impresionan al visitante: el templo de tres milenios atrás, antes aludido…; y la sinagoga helenística de mármol puro, al pie  mismo de la moderna carretera.
El escritor dice de Heródoto y su narración lo siguiente: «Me convenció de hallarme ante un hombre honesto ocupado en desentrañar la verdad y, por tanto, capaz de profundizar con todos sus matices en el alma humana». Y comprobaremos que Antonio Penadés es igualmente un hombre dado a la verdad, por ello vamos confiados en su compañía por las antiguas ciudades de Milero, Priene, Samos, Éfeso, Focea, Pérgamo, Dídima, Assos, Troya, Halicarnaso, Panionion, Abidos y tantas otras ciudades y lugares donde emerge el misterio de lo pretérito que no borró el paso del tiempo.
Tras las huellas de Heródoto completa sus densas páginas con fotografías a todo color, realizadas por su mismo autor. El libro se cierra con una indicación deliciosa, un guiño pagano y refinado, históricamente hablando: «Este libro fue terminado en imprenta el 26 de junio de 2015. Ese día, en 363, muere en combate contra los persas el emperador Juliano, el Apóstata». Y yo, añado: «Apóstata, para los cristianos; Juliano, el Piadoso, para los paganos».
Gracias, Antonio Penadés, por este bello y necesario libro tuyo.

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