Un reto en compañía

untitled«¡Vaya, vaya! Tanto esfuerzo para llegar a esa luna que está en el cielo. ¿Acaso no verán que aquí, en el agua, hay otra más cerca?».
Con estas palabras y en boca del pez finaliza esta divertida a la par que entretenida y pedagógica historia de un grupo de curiosos animales y la luna.
Un buen día, la siempre tan aventurera tortuga tomó la firme decisión de subir a la montaña más alta del bosque para poder tocar la luna, un cometido este que llevaban planeando mucho tiempo los animales, amigos de la tortuga. Por las noches la observaban barajando la posibilidad de averiguar si sabría a dulce o salado, pero ésta se avistaba desde tan lejos que ni el más alto y esbelto de los animales había podido nunca alcanzarla, ni tan siquiera rozarla.
Así, este animalito, tras tomar impulso, escaló el monte y se estiró tanto como sus patitas y su caparazón le permitieron, pero este enorme esfuerzo no fue suficiente. La luna, aunque se encontraba más cerca que de costumbre, seguía siendo inalcanzable. Sin tirar la toalla, nuestra amiga, en vez de abandonar la divertida y arriesgada proeza, avisó al elefante, uno de los seres más grandes y altos que poblaba el bosque. Éste, apoyándose en su compañera de aventuras, se estiró y estiró pero tampoco pudo alcanzarla. Lo que no sabían estos animales es que la luna, animada desde lo alto del cielo, les observaba creyendo que se trataba de un divertido juego, de modo que cada vez que los veía acercarse, se alejaba más y más.
De esta forma, y viendo que cada vez resultaba más complicado alcanzar la luna, los animales avisaron a otros; pasaron  por allí la jirafa, la cebra, el león, el zorro y el mono, que gracias a la altura que habían alcanzado pudieron  llegar a olerla, esto puso en alerta a la luna que volvió, divertida, a alejarse otro poco, pero se relajó cuando vio que el animal que se disponía a trepar era el ratón. Un animal tan pequeño nunca podrá alcanzarme, pensó, pero no estuvo tan acertada, pues era tan grande la torre que habían formado los animales, que efectivamente llegó al cielo e hizo posible que los amiguitos del bosque conociesen a qué sabía la luna.
El ratón, amable y generoso ofreció un pequeño bocado de luna a cada uno de sus queridos compañeros y a ellos les supo a aquello que más les gustaba.
Es este, como vemos, un estupendo cuento que nos permite enseñar a los más pequeños de casa que cualquier deseo, por muy inalcanzable que nos parezca, será posible siempre que se haga con ayuda de los demás, fomentando en ellos el trabajo en equipo. Además, el final del libro y mediante las palabras del pez, nos muestra cómo las cosas se pueden ver desde distintas perspectivas.
Este cuento, impregnado de valores de cooperación y solidaridad, está editado por Kalandraka. Para Michael Grejniec, autor que lo ilustra y da voz y movimiento a los curiosos animales a través de ilustraciones en acuarela sobre papel maché, es tal vez su obra más famosa. Junto a ella, y en una edición especial, que está actualmente a la venta, la editorial nos obsequia con un póster medidor para que los niños lo cuelguen en sus dormitorios y se motiven midiéndose y observando cómo cada día son más altos y, por tanto, están más cerca por momentos de alcanzar la ansiada e imposible luna.
Es, en definitiva, una obra tan redonda y sabrosa como la luna llena

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