Un sutil retablo de costumbres

00506LIBMUInglaterra vivió una revolución silenciosa durante los años que mediaron entre las dos grandes catástrofes del siglo XX, y que afectó a todos los órdenes de una sociedad que necesitaba sacudirse los atavismos de la época victoriana. Esa revolución, como casi todas las revoluciones, fue promovida por los vástagos de las élites acomodadas, mediante el ejercicio de una rebeldía no exenta de cinismo como expresión de su empeño por desmantelar unas convenciones en exceso anquilosadas, a las que sin embargo se mantenían aferrados como un cínico recurso por si esa veleidad se les iba de las manos.
Rosamond Lehmann fue una de esas hijas de esa cínica modernidad que tuvo en el grupo de Bloomsbury a uno de sus más evidentes exponentes. Nacida y criada en una familia de literatos y editores, la joven Rosamond no podía sino dedicar buena parte de su tiempo libre a escribir. Y fruto de esa labor fue un buen número de novelas, de entre las que Invitación al baile es una de las más reconocidas, precisamente por alejarse de ese empeño transgresor con el que la autora intentó envolver su obra.
Esta es una novela sencilla, con un estilo deliciosamente pueril, que sin embargo posee la virtud de ofrecer una imagen fidedigna de la sociedad británica de provincias y, sobre todo, de la conducta de sus diferentes clases. A partir de un asunto trivial, la asistencia a su primer baile de la joven Olivia Curtis, la escritora desmenuza la esencia de la rutina en el espacio rural de una Inglaterra aún dolorida por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial.
Con el baile como catalizador de la peripecia de la protagonista, a través de sus ojos el lector contempla los aspectos que decoran su rutina, los ambientes y personajes que la rodean y con quien convive en una relación siempre marcada por las distancias de la clase social. De esa forma, la autora despacha los prolegómenos del acontecimiento que determina la acción de la novela: el ansiado baile.
La segunda parte de la novela narra la experiencia de Olivia y su hermana en la esperada cita, y es ahí donde Lehmann despliega todo su arsenal de sutil cinismo y emociones sincopadas. Envuelto en un lenguaje delicado y frívolo, la autora disecciona la conducta humana en un torbellino de sensaciones, que van del pánico al desprecio a la serena reflexión acerca de lo trivial en uno de los momentos especialmente intensos del relato, cuando la joven Olivia se encuentra con el contradictorio hijo de la anfitriona, y descubre ahí el tormento del disimulo.
Invitación al baile es así una novela que esconde mucho más de lo que muestra. Basta con desbrozar el entramado de futilidad con que la autora sostiene habilmente la trama, para adentrarse en las auténticas galerías de la angustia que causa la pertenencia a una clase social. Y es ahí donde radica la auténtica expresión de rebeldía de una joven burguesa que afortunadamente le dio por escribir.

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