Antonio Machado: La magia del poeta

00601LIBMUMACHADO. Podría ser el perfecto adjetivo de la tristeza vital. Una palabra para expresar la mirada mar adentro de la vida que sucede. Es también, lo primero, en cualquier caso, un género poético. Un sentimiento filosófico que es fuente y camino de un poema. No lo inventó Machado. Su humildad jamás lo hubiese consentido, pero a lo largo de su obra don Antonio selló ese estilo, la voz que medita en alto y hacia dentro. Austera, moral, profunda. La escritura con la que el hombre se pregunta por el hombre y sus heridas, por los sueños y el valor de la verdad. Una poesía que cree en los accidentes del verbo, en la experiencia vital del adjetivo. Claves de un hombre de soledades que nunca quiso huir más allá de la nostalgia de su infancia y sus cicatrices. Lo escribió muy claro y hondo como un presagio lorquiano «tan pobre me estoy quedando, que ya ni siquiera estoy conmigo, ni sé si voy conmigo a solas viajando». Y a pesar de esa derrota del ánimo, de la amarga flor imposible del amor en la solapa, el poeta mantuvo viva su sobria elegancia y altura intelectual en su intento de responderse si las imágenes servían para expresar intuiciones o para enturbiar conceptos.

Hubo una época en la que todos los poetas lo buscaron en sus paisajes y se contaminaban del vaho amarillo y ocre de sus poemas, convirtiendo sus propios caminos existenciales en el reflejo de la tonalidad anímica que les enseñó el maestro. Sin Antonio Machado, el aprendiz de poeta lector no podía avanzar con paso firme. Lo explica muy bien Elena Medel en El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado, publicado por Ariel.

Su lectura y su compromiso de entablar con él una relación a través de la poesía, la suya y la del maestro, igual que diferentes generaciones que conversan en un café, en un parque volcado sobre las llanuras de Castilla, los horizontes del viento, las páginas de los libros familiares, cerca del tiempo y sus memoria. Medel y Machado hablando de la educación sentimental de la poesía, de ejercicios de crítica literaria, de escritura automática, de aforismos, de la musicalidad interna de la palabra, del paisaje como fuente de las identidades pessoanas del poeta de la ropa cansada y desabrigada de amor. Conversaciones a dos voces, entre líneas, poemas de encuentro y equidistancias en las que mostrar el alma de Machado frente a los sueños, la muerte, la soledad, la fe, la felicidad, el feminismo, la familia, el viaje, el compromiso, los apócrifos, la humildad, la educación, la ciudadanía, España o el paisaje.
Y sobre todo acerca de la cultura y la educación como armas de regeneración social. Los temas en los que se atrevió filósofo y hombre, poeta y maestro, a través de sus apócrifos Juan de Mairena y Abel Martín. Su concepción plural del sujeto.
El libro de Elena Medel no es una biografía revisada ni un ensayo heterodoxo. Busca la poeta abrir otros puentes hacia Machado. Unas veces autobiográficos y generacionales (su madre Araceli que en 1978 compró las Poesías Completas de Antonio Machado para intentar entender la vida, y Serrat como su canción), otras desde la indagación lectora de una poeta que reflexiona sobre sí misma en verso y en diálogo con las lecciones de Machado, y su huella en otros poetas, sobre la heterogeneidad del ser, la afirmación del otro, la defensa e importancia de dudar de todo y de la conveniencia de prescindir de la realidad para pensarla e intentar expresar el reverso de la vida.
Sin duda, hay que agradecerle a Elena Medel este libro que nos devuelve a Machado a un presente en el que reivindicar la poesía y el compromiso de trabajar a diario por el porvenir que se conquista con una cultura ilustrada y el reconocimiento de que la Humanidad entera está en cada hombre. Hermosas enseñanzas que nos legó quien definió la poesía como un diálogo del hombre con su tiempo

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